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8. Rescatando al concepto de fraternidad

Vi la sociedad partida en dos: los que nada poseían,

unidos en una común codicia;

quienes poseían algo, en una angustia común.

Se acabaron los lazos, se acabaron las simpatías

entre las dos clases: imperaba por doquier la idea

de una lucha inevitable e inmediata

Alexis Tocqueville- Souveniers,

 Citado por Antoni Doménech

Extracto

En este capítulo se rescata una de las tres divisas de la revolución francesa como valor intrínseco de la república en la tradición de los países iberoamericanos.

Reformulando la república

En los otros capítulos que componen este segundo movimiento, se ha intentado dar una idea de las posibilidades que tiene la concepción clásica de asociatividad republicana (entendida como lo procomún) en el marco de la globalización. En éste pretendemos reformular las bases de lo que consideramos debería ser una respública moderna.

Aquella frase pronunciada en los discursos de campaña por el entonces candidato a presidente Raúl Alfonsín, donde proclamaba hasta el hartazgo que “con la democracia se come, se cura y se educa“, hoy debería entrar en la recicladora de consignas gastadas, ya que una democracia por sí sola no garantiza ninguno de esos tres derechos. Debieran ser las instituciones de la república, como el estado, las encargadas de facilitarlos, y sólo recién en el caso que estuviesen garantizados; recién allí habrían de estar sentadas las bases para que emerja una democracia; como una consecuencia de haber constituido previamente ciudadanía, nunca antes.

¿Acaso alguna ley o decreto ha podido acabar con el hambre, la exclusión social, la falta de salud, la falta de seguridad o la falta de educación? Mientras persistan el hambre, la enfermedad o la desigualdad social sólo tendremos un espejismo democrático como el que recuperamos hasta ahora. Mucha agua ha pasado desde aquellos discursos, sin embargo la deuda social persiste, debería ser nuestro compromiso ciudadano terminar con ella, pero sin un repaso y revisión de las viejas consignas radicales, peronistas o de la ideología que fueren, seguiremos repitiendo errores del pasado y las viejas deudas sociales no podrán ser honradas.

Debemos considerar el hecho de que la democracia no se garantiza con discursos retóricos ya que es un emergente, una consecuencia de la organización que se dan los ciudadanos de una república recién cuando se erigen como tales. Las normas del derecho contribuyen a su fortalecimiento pero nunca le han sido preexistentes. Pobres ha habido siempre, como enfermos, y analfabetos, la ley por sí sola no ha podido con esas miserias, tampoco han podido los gobiernos. Hace falta algo más.

La historia de las revoluciones que intentaron reformular la república es muy larga y en general se ha caracterizado por la impronta de sus revolucionarios. Ya sea por las divisiones o por apartarse de las consignas originales de la revolución, tarde o temprano han terminado desertando. Establecido el nuevo régimen, lo que habría de venir ya no estaría tan claro como lo que se pretendía cambiar. Es por eso que esas revueltas en general terminaban con divisiones o divergencias entre la dirigencia y el pueblo llano que prefería ofrecer resistencia a acompañar los procesos revolucionarios ulteriores. El “hombre nuevo” prometido que habría de surgir de la revolución no era tal y ya conformes con los cambios dados, aunque mínimos, gran parte de ellos preferían volver a un estado de paz duradera, desertando así definitivamente de la revolución.

Es por eso que las ideas revolucionarias siempre se han visto recortadas por su propia dinámica, sobre todo por la adecuación del pueblo llano a los nuevos status impuestos. Establecida la revolución lo que sobrevendría serían las rencillas internas y con ellas la violencia, muchas veces extrema. No existe un pueblo lo suficientemente revolucionario como para permanecer en el cambio permanente. Satisfechas las necesidades en la pirámide de Maslow[1] que se pretendían conseguir o restituir, causa del desequilibrio y motor de la revolución, devendrá la paz y con él un nuevo equilibrio. En principio parecería poco consistente plantear un nuevo orden democrático a partir de revoluciones, ideales, utopías y religiones en pleno siglo XXI.

Rescatando la fraternidad

Pasadas de moda las premisas románticas que fueron divisas en las revoluciones del siglo XIX se hace imprescindible entonces dar una revolución copernicana para estudiar los procesos que fueron los causantes de la caducidad de las mismas y al analizarlos nos encontraremos con que la más olvidada, la dejada de lado ha sido la de “la fraternidad”.

Como se verá ésta será la base de una nueva construcción republicana sostenida sobre la interacción vincular comunicativa entre los ciudadanos que solo se puede dar allí donde existen el reconocimiento y la confianza entre éstos, donde son válidos los preceptos de la fraternidad.

La fraternidad ha de proveer el espacio público donde habrán de llevarse a cabo los procesos democráticos modernos. Para ello se deberán dejar de lado las pretensiones universalistas o expansionistas para concentrarse en las posibilidades de lo local. La globalización en este sentido borra todas las fronteras difuminando los límites y con ellos las posibilidades de la construcción de una estructura democrática estable y duradera. ¿En qué lugar sino donde sentimos reconocimiento y gozamos de confianza mutua podría darse el proceso democrático? Ese “reconocimiento y confianza” lo aporta solamente la fraternidad y es desde allí desde donde la rescatamos, como basamento de dichos procesos.

Es en este sentido que la opinión pública que circula por dentro del espacio fraterno son temas en común. De esta manera la contención social y la estabilidad que provee el poseer temas y espacios comunes y además poder compartirlos, hace que sea posible tanto la legitimidad del poder que surge desde esa agremiación primitiva, como la posibilidad de sostenerla en el tiempo y con esto último, la posibilidad de que una genuina representación del pueblo se refleje en las estructuras democráticas.

¿Pero qué es la Fraternidad?

Definición de fraternidad

Etimológicamente fraternidad procede del término latino “frater” – hermano = hermandad recíproca. “Unión y buena correspondencia entre hermanos o entre los que se tratan como tales”

Tema costoso para la sociedad latinoamericana si los hay, el de la fraternidad.

Un mismo término que como tantos otros, posee diversas ópticas desde donde se lo puede analizar:

  • Desde la psicología se la ve como vínculo residual luego de destituido el padre de su sitial de poder.
  • Desde la sociología como el primer ligazón social.
  • Desde la filosofía como la herramienta fundacional donde se desarrollará la actividad político social de un pueblo.
  • Desde lo político como pilar fundacional de la república.
  • Desde lo religioso donde todos somos hijos de Dios.
  • Desde lo cultural como el elemento comunicacional por excelencia.
  • Desde lo económico donde se la considera como la base de confianza para una economía posible.
  • Desde la ética como la escala de valores comunes a un colectivo.
  • Desde lo biológico compartiendo el código genético con los progenitores.
  • Desde lo lúdico como conciencia de equipo.
  • Desde lo sistémico como refuerzo social.
  • Desde lo simbólico como sociedad oculta.
  • Desde los ideales revolucionarios, como el rechazo a toda forma de paternidad, esclavitud, dependencia o sometimiento en los idearios jacobinos de la revolución francesa.

Todas valoraciones positivas.

Desde estas y desde otras tantas miradas se puede analizar el concepto de fraternidad. A partir de ellas podemos sacar elementos comunes y aproximarnos a una primera definición:

 Fraternidad es el emergente que surge a partir de que dos o más agentes ganan reconocimiento y confianza mutuo mediante una interacción comunicativa sustentable en el tiempo y que los constituye en identidades complejas.”

 

La Academia de la Lengua Española acepta como definición de fraternidad recién en 1999 a la: Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales. De esta forma de agremiación devendrán las características identitarias del grupo y de sus integrantes, constituidas desde la base hacia arriba que lo legitimita como tal.

 

Luego de la introducción a este concepto tan valioso al género humano nos hacemos las primeras preguntas que servirán de disparador para este capítulo:

¿Cómo, siendo la fraternidad un concepto tan caro al ser humano, es que a la hora de actuar en general no se la tenga en consideración? ¿Cómo actúan los individualismos dentro de una comunidad fraterna? ¿Es la fraternidad una conducta racional volitiva humana, divina o es algo sistémico?

La visión de José Hernández

Preveía José Hernández, aún antes de editarlo, el éxito de su segundo libro y la continuación del primero: “La vuelta de Martín Fierro”. “Un libro destinado a despertar la inteligencia y el amor a la lectura en una población casi primitiva, a servir de provechoso recreo, después de las fatigosas tareas, a millares de personas que jamás han leído]… [ a fin de que el libro se identifique con ellos de una manera tan estrecha e íntima, que su lectura no sea sino una continuación natural de su existencia. Sólo así pasan sin violencia del trabajo al libro; y sólo así, esa lectura puede serles amena, interesante y útil”.

En esta cita de la introducción del segundo libro el autor manifiesta que ha realizado un importante esfuerzo comunicacional buscando todas las herramientas a su alcance a fin de que su mensaje llegue al público predestinado, el hombre de campo. Luego de haber tenido las primeras devoluciones de su primer libro, un ojo del autor ahora también está atento al lector de la ciudad. Trata de que el lector se meta dentro del relato formando parte de él y creemos que lo consigue.

Recordemos que en épocas de Hernández los territorios no se encontraban unidos entre sí; entre ciudad y ciudad existían vastas extensiones de campo donde habitaba o dominaban los pueblos originarios. Los “pajueranos” eran los que venían de pa´ juera de la ciudad, los que vivían con los indios o solos en el medio de la pampa. Precisamente en ese contexto, especialmente en el territorio de la provincia de Buenos Aires es donde de esboza la metáfora de “el gaucho”, un figura extraña a la ciudad, entre ignorante, sonso y bruto. El propio contacto con esa realidad marginal más allá de la frontera, marca profundamente, en Hernández persona, el sentido de su grito desesperado de Unidad Fraterna.

Hernández es uno de los primeros cronistas de la frontera, ese territorio oscuro de nuestro país en su etapa de unificación. La frontera es una línea difusa que marca inclusiones y exclusiones, adentros y afueras, padentranos y pajueranos, ciudadanos y marginales, civilización y barbarie. Aquellos excluidos de la civilización eran los que habitaban más allá de esos territorios. Indios, negros, viajeros, algunos inmigrantes, gauchos y partidas militares eran sus transeúntes. Una tierra amorfa dominada por lo que Sarmiento, siguiendo una tradición europea, llama “barbarie”. Allí también iban a parar las lacras de la ciudad: los excluidos, los prófugos y los marginales. Algunos optaban por cruzar la línea, a veces escapando, otras para hacer más soportable una vida miserable y así se internaban en el “desierto”.

Dice Marisa Moyano[2]en su trabajo “Escritura, frontera y territorialización en la construcción de la nación”: “Configurar el cuerpo de la patria, su historia y sus trazos definitorios para hacer del espacio un territorio, y de éste una Nación, implicará incursionar en la frontera con la “barbarie”: la zona que une y separa a la vez el mundo conocido del desconocido, lo perfilado de lo amorfo, el “yo” del “otro”, la identidad de la diferencia; la zona donde se tocan y trafican las dimensiones del presente y del pasado, de un espacio sin marca, de una naturaleza sin saber, de un territorio sin propiedad, de monstruosas otredades sin asimilar que los habitan y transitan. Así en los textos escritos en la Argentina desde la independencia hasta que se concrete la modernización del estado en 1880 (en donde incluimos a los de Hernández), el territorio fronterizo emerge como un espacio donde entran en juego los conflictos centrales en el proceso de constitución de la Nación: la lucha entre “civilización“y “barbarie”, la tensión entre cultura y naturaleza, el pasado y el futuro. Por eso la letra, en su capacidad de nombrar, describir y construir la realidad, será la primer arma puesta en juego, la primera exploración en la lucha por exorcizar la barbarie. Porque para estas elites letradas, “territorializar” será “civilizar”, y “civilizar” construir la Nación”.

En el capítulo De lo local a lo global se trata al territorio como contrafigura de la globalización.

Afirma que el proceso discursivo era una “operación ideológica de invención social del espacio y las fronteras, como mecanismo previo al plan político de apropiación material del espacio en el proceso de conformación del territorio de un Estado Nacional”. Dice que la avanzada discursiva” prepara el proceso de apropiación efectiva del espacio y de configuración del mapa político real del Estado.]…[Ese procedimiento territorializador, en el proceso de inventar un espacio nacional, define sus límites y explora sus fronteras para exorcizar la barbarie y apropiarse discursivamente de ese cuerpo. Una estrategia eficaz que configuró y legitimó ese procedimiento fue la utilización de lo que Navarro Floria denomina metáfora del desierto, como un doble movimiento discursivo que consistía primero en operar conceptualmente un “vaciamiento del desierto” – a partir de las textualizaciones que lo configuraron como imagen de la negatividad y de la nada absoluta, de espacio sin límite ni propiedad, pura “naturaleza bárbara”- para procesarlo después, en un segundo movimiento, como espacio potencialmente productivo para la mano de hombres civilizados. Con ello se produce la apropiación discursiva del espacio que precede a la apropiación política posterior”.

Civilización y barbarie

Todo encaja en la opción binaria de inclusiones exclusiones como en la lógica sarmientina de civilización –barbarie.

Con el concepto de bárbaro también aflora la idea del extranjero, del que no conoce el idioma, del que no es cristiano, que no comparte los preceptos del culto, ser un bárbaro automáticamente margina.

Era difícil imaginar una frontera entonces; al porteño todavía hoy le resulta difícil entender lo que es “el interior”. Por lo tanto entender la conformación de la pampa del siglo XIX resultará una tarea más ardua aún. Todo lo que estaba fuera de la ciudad (especialmente Buenos Aires) era el desierto. Resabios de esa tradición subsisten hasta hoy, se llama el “interior”, o “la provincia”, a todo lo que no es Buenos Aires (área metropolitana), sin discriminar de qué lugar de nuestro basto territorio es la persona con la que se habla. Resabios de barbarie se nos sigue endilgando a los de este lado del país. Para un porteño decir que uno es de Venado Tuerto significa que uno es de Santa Fe y cuando se refieren a nuestro territorio lo hacen por ejemplo de esta manera:- ¿Cuando te volvés para Santa Fe? -, cuando en nuestra provincia la ciudad de Santa Fe- referencia- nos queda a la misma distancia que Buenos Aires pero en sentido contrario.

Para movilizarse dentro de nuestro país por entonces, por ejemplo para ir de Buenos Aires a Córdoba, había que transitar por la frontera y no por una sino varias, en un discontinuo entre civilización, desierto-barbarie, civilización, desierto-barbarie, hasta llegar por fin a la civilización nuevamente. Si bien ahora existe ese continuo entre ciudad y ciudad, mediante el vínculo de caminos, alambrados, postes de electricidad, la idea de unidad territorial se desdibuja al momento de hablar de temas sociales.

Refiere Moyano que la “metáfora del desierto” como estrategia territorializadora

“se articuló sobre la idea de vacío: de nada, de pura negatividad, de espacio de tránsito y de tierra de nadie, espacio en blanco que el cuerpo de la patria no puede precisar como línea de continuidad civilizada. Como tal, ese vacío representaba un desafío que el Estado debía asumir, porque crear el mapa significaba crear la Nación.”[…] “La nada y el vacío, lo inmodificable, son las formas que ese espacio asume en el marco heredado del saber europeo configurado en las textualidades del recorrido, la descripción y el viaje en procura de marcar y nominar para acumular conocimiento que articule de algún modo una apropiación territorial sobre esos espacios”. (en definitiva como relato lineal[3])[…] “Tras la metáfora del desierto lo que se oculta en realidad es una frontera interna en el proceso de constitución del Estado y la nación”, (que en nuestro país aún persisten hasta hoy ),”que se perfila como una muestra de la asimetría estructural entre una sociedad y un orden estatal que pretende proyectarse frente a una otredad radical, la de la población gaucha excluida de ese proyecto y la idea de sociedad aborigen no reconocida como tal, que como no pueden instituir un orden cultural y jurídico reconocible desde la perspectiva civilizada no existen sino como obstáculo y rémora de la amorfa barbarie…”.

El desierto no estaba vacío: lo habitaban gauchos, indios, cautivas, nómades, esclavos indios y españoles, comerciantes y viajeros. Cita a Sorondo Ovando quien dice que el desierto también puede entenderse como un lugar por donde no circulan los mensajes, como un lugar vacío de mensajes, interpretación ésta en concordancia con el concepto de “sociedad de la información”. Un espacio incomunicado.

No es el caso de la pampa del siglo XIX ya que por el transcurrían y habitaban sociedades dispares sí, pero civilizaciones al fin, que en definitiva sí establecían vínculos con el “mundo civilizado”.

El problema de la integración de los pueblos originarios

El problema de la integración y el vínculo conflictivo con el indio está pintado en este pedazo de historia local reflejada por el historiador venadense José E. Favoretto a la que titula ”Un indio entre civilizados” y dice así:

Don Martín Urteaga por 1885 tenía en su casa particular frente a la plaza (hoy Plaza San Martín de nuestra localidad y plaza central de Venado Tuerto de esa época). El salvaje de piel dura, que no hablaba, (no dice no hablaba nuestra lengua, simplemente dice no hablaba), solo sonreía, dormitaba bajo unos fardos de pasto y se lo solía obligar a cubrir su cuerpo con ropa para no permitir calamidades, (es de suponer que la tarea de alfabetización la llevaba a cabo alguna maestra que eran mujeres de la sociedad). Se lo tuvo maniatado un breve tiempo y observando que su comportamiento hosco no abría perspectivas civilizadas se lo dio de baja, ultimándolo”.

Como a un perro o a un zorro al pobre indio se lo trata de domesticar, pero al no poderle transmitir los mínimos conocimientos de urbanismo, se lo mata afirmando lo expuesto en la tesis de Moyano.

El desierto era el territorio del indio, del bárbaro, de la brutalidad y del salvajismo del aborigen que no poseía tradición civilizada ni aceptaba ley. El mismo Martín Fierro comenta lo que siente y lo que deja al internarse en el desierto:

425
Irse a cruzar el desierto
lo mesmo que un forajido,
dejando aquí en el olvido,
como dejamos nosotros,
su mujer en brazos de otro
y sus hijitos perdidos.¡

sobre el indio (83 y 488):

83
Hace trotiadas tremendas
desde el fondo del desierto;
ansí llega medio muerto
de hambre, de sé y de fatiga;
pero el indio es una hormiga
que día y noche está despierto.

y

488

Odia de muerte al cristiano,

hace guerra sin cuartel;

para matar es sin yel,

es fiero de condición;

no golpia la compasión

en el pecho del infiel.

y sobre vivir en el desierto

La línea que marcaba la marginalidad, la frontera es lo que en conceptos de la socióloga alemana Noelle-Neumann, ampliamente citada en este trabajo, es el aislamiento como castigo”. Qué persona civilizada desearía vivir en el aislamiento o la marginalidad, sólo los locos o excluidos o marginales. Martín Fierro es quién no ha podido mantenerse integrado, con su ética y su canto, opta por romper su guitarra contra el suelo e insertarse en el silencio. Romper con la espiral y recorrerla en sentido inverso, en una carrera desesperada centrífuga que lo expulsará definitivamente de esta sociedad. Una versión telúrica de Thelma & Louise (1991), la película de Ridley Scott que a diferencia de éstas que escapan a ningún lado en una carrera hacia la destrucción total, la de Fierro es un continuo entrar y salir.

El corsi e ricorsi de Fierro es un intento desesperado por volver, por pertenecer. Al final la muerte de su amigo Cruz y el episodio con la cautiva lo hacen decidirse.”Me voy”, le dije, (a la cautiva). “Ande quiera, aunque me agarre el Gobierno, pues, infierno por infierno prefiero el de la frontera”. Es tanta la necesidad y el deseo por retornar que termina cambiándose el nombre para no ser reconocido.

En el ensayo de Julio Mafud, “Contenido social del Martín Fierro”, sobre el libro de Hernández resalta la imposibilidad de Fierro de escapar al destino. El destino esta omnipresente en el poema y en ningún pasaje del mismo el gaucho intenta retar al destino. La desesperanza es tal que desdibuja el tiempo y sólo lo ancla a la vida la melancolía y el recuerdo. La ausencia total de “esperanza”, de ideal, de sentido, en ese personaje rústico hace contar la historia en un presente continuo, en una inmediatez que va llevando a Fierro por distintas situaciones y territorios de su silencio y soledad. Tal vez hacia el final de la historia cuando se reencuentra con sus hijos haya una pincelada de humanidad dentro del personaje, que así y todo no durará por mucho tiempo. Luego del reencuentro con los hijos cada uno volverán en busca de su propio destino.

Hernández un hombre mas allá de la letras

Además del gran valor literario de la que, a juzgar de muchos, es la mayor obra de la literatura Argentina, Hernández trata de trasmitir de manera única y realmente asombrosa los valores esenciales para la organización y construcción política y social de nuestro país. Contemporáneo de Esteban Echeverría y de Juan Bautista Alberdi muchas veces su figura no tiene la ascendencia desde lo político en la unificación de la nueva república que estos últimos, rescatar a Hernández desde ese lugar olvidándonos por un momento del poeta, es una tarea que todo argentino se debe se proponer. ¿Era un poeta antes que un político, o el poeta devino de una necesidad de comunicación de su mensaje político? Un lenguaje.

Hay una vinculación entre el concepto de fraternidad y el ideal fraterno de la masonería. Tal vez Hernández tome a la fraternidad de los ideales de la revolución francesa donde los jacobinos tuvieron una ascendencia importante. La Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones lo cuenta entre sus miembros lo mismo que a Echeverría.

¿Por qué recurre a esta forma literaria como vehículo de su mensaje? ¿Porque necesita llegar a “un público lo más vasto posible” como lo dice explícitamente? ¿Y por qué inteligentemente vislumbraba que esa unión e inclusión del pueblo argentino iba a ser una tarea difícil y traumática?

El recurso de apelar a la hermandad de los argentinos en un lenguaje sencillo profundo y efectivo responde a la necesidad de integrar como ciudadanos de la nueva nación a un pueblo de origen muy diverso y entre los que estaba el gaucho. No recurre como otros autores de la literatura gauchesca que se circunscriben al relato de imágenes pictóricas o descripción del paisaje desde una posición de observador. Hernández se mete dentro del gaucho que crea, como un gaucho más, y relata desde esa posición su vida, al menos en el primer libro, y denuncia cómo la sociedad de la ciudad no lo considera como par, lo excluye y lo utiliza con fines político-económicos en su propio beneficio. Estamos en deuda con Hernández, aún hoy no hemos podido integrarnos totalmente como colectivo y como nación.

Ezequiel Martínez Estrada[4]en su libro Muerte y transfiguración de Martín Fierro critica a Hernández por la postura que adopta al escribir el segundo libro, “La vuelta de Martín Fierro”. El advierte que José Hernández deja de alguna manera el estilo que utiliza en el primer libro cuando escribe el segundo, cree que en éste último transfigura su propio estilo yendo en desmedro de la obra en general. Para Martínez Estrada el poema termina con los versos donde Fierro y Cruz rompen con la civilización y se adentran en el desierto, versos que figuran al final de la primera parte. Desertan de lo social y se automarginan.


388
En este punto el cantor
buscó un porrón pa consuelo,
echó un trago como un cielo,
dando fin a su argumento;
y de un golpe el instrumento
lo hizo astillas contra el suelo.

389
Ruempo, dijo, la guitarra,
pa no volverme a tentar;
ninguno la ha de tocar,
por siguro tengaló;
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó.

Martínez Estrada cree que durante el lapso que transcurre entre la publicación del primer libro y la escritura del segundo (1872-1879) algo en Hernández ha cambiado, ya sea por vanidad, por transigencia o por presión. El crítico encuentra que el lenguaje utilizado en el segundo libro es complaciente con el poder, conciliador, y demasiado contemporizador. Es discutible esta postura, ya que es una consecuencia natural en un hombre político como Hernández que luego de haber provocado una reacción movilizadora tan importante como la que obtuvo con el público lector del primer libro, con el segundo es hora de tenderle una planchada al pobre Fierro para reconciliarlo con los suyos y al fin repatriarlo.

Martínez Estrada ensaya todo un corpus sobre el segundo libro, su necesidad de ser, el cambio del discurso de Hernández: del cantor y activo denunciador del primer libro al relator descriptivo del segundo. Lo acusa de haber dejado su propio estilo denunciador y reivindicador en desmedro de la obra. Creemos como Martínez Estrada, cosa que él mismo vislumbra con el epílogo de la segunda edición realizada diez años después de la primera, que algo se juega en la frontera. Y esto es verdad, con los estudios de frontera y del desierto en la literatura como el trabajo citado de Marisa Moyano, muy posteriores a las críticas de Martínez Estrada, se develan los fines últimos de los intelectuales fundadores de nuestras letras. La frontera era necesaria para demarcar el límite difuso de las inclusiones y, las exclusiones y a partir de ellos constituir una identidad nacional.

Hernández por el final del primer libro somete a Martín Fierro al autoexilio y en el segundo le es preciso repatriarlo de alguna forma. La denuncia es hacia la sociedad “civilizada” que lo ha marginado, pero a su vez, y esto es lo que molesta a Martínez Estrada, el gaucho debe hacer algunas concesiones para poder volver a su núcleo de civilización, la sociedad cristiana. Esta “Muerte y transfiguración de Martín Fierro” que cambia definitivamente al gaucho y es justamente lo que posibilita repatriarlo. Es el espanto que le provoca el episodio de “la cautiva”, es el vacío que le provoca la muerte de Cruz, es su absoluta soledad, la soledad de la nada del desierto – también en el sentido de desvinculación- lo que promueve la pérdida de sentido y su consecuente transigencia.

La libertar positiva, la libertad romántica del gaucho matrero debía dejarse de lado para constituir la “nación civilizada”. No cabía otra alternativa para Hernández que repatriarlo reconociéndolo como par cristiano en una situación intermedia dentro de su proyecto de constitución de un Estado Nacional, debía adoptar alguna forma de transigencia con la vida civilizada Este es el principio fraterno que consiste en ceder algunas libertades individuales en favor de integración social, a la vez la sociedad debía reconocerlo como par y cambiar su postura hostil hacia él para poder digerirlo como un “civilizado” más. Esta doble función del poema demarca una línea divisoria con el indio. En el reparto el indio debía quedar afuera. Martínez Estrada, uno de los mayores estudiosos de la obra y de la vida de Hernández, denota el odio del último hacia los indios. La frontera política que marca Hernández con el Martín Fierro es doble, incorpora al gaucho como par y condena al indio como bárbaro. Necesita del indio para establecer la diferencia con el gaucho y esta diferencia en la identidad del gaucho es su creencia cristiana.

Los hermanos

La estrofa de los hermanos (1160) es una de las más representativas de la intención que nos presenta un Hernández reconocido, adulto y contemporizador de un país próximo a su unificación definitiva en “La vuelta del Martín Fierro” también una de las más recordadas.

(1160)

Los hermanos sean unidos

Porque esa es la ley primera

Tengan unión verdadera

En cualquier tiempo que sea

Porque, si entre ellos pelean,

Los devoran los de ajuera.

 Tomaremos esa estrofa como base de este capítulo desde la óptica de Hernández sobre la hermandad. Analizaremos lexia[v]por lexia su significado

Lexia 1 “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera

            La lexia nos indica que la hermandad proviene de una ley anterior, fundacional, constitucional, arcaica. El concepto de unidad deviene como una consecuencia del acatamiento a esa ley fundacional. La unidad se constituye entonces, en cumplimiento con esa ley primera. Podrá haber unión sin hermandad pero no hermandad sin unión.

Lexia 2 “Tengan unión verdadera

            En esta lexia Hernández reafirma el concepto de unidad estableciendo, como una categoría calificativa de la misa. La unión deberá ser genuina, con sentido de verdad, pura, impoluta, desprovista de toda suspicacia, amplia, generosa, sin terceras intenciones, mezquindades, jerarquías, revanchismos, provechos, o cualquier otra acción o hecho que le pudiere quitar veracidad.

Lexia 3 “En cualquier tiempo que sea

            El concepto de “ley primera” ahora es extendido a la dimensión del tiempo. Esa ley deberá regir durante toda la flecha del tiempo, desde sus orígenes hasta el fin de los tiempos. La unidad de los hermanos deberá mantenerse siempre en todo momento y en todo lugar.

Lexia 4 “Porque, si entre ellos pelean,

            A esta lexia, Hernández la usa como contrafigura de la primera. La pelea como foco de conflicto, como posibilidad de desunión latente, como violación a “ley primaria”. La pelea entre “ellos” es una pelea interna, doméstica. El “ellos” denota a “los hermanos”, indica el contrasentido de la pelea entre hermanos. “Ellos” establece la contradicción pelea-hermanos. El “ellos” refuerza la “unión verdadera” entre los hermanos (pares, iguales) de la segunda lexia, constituyéndolos en una verdadera hermandad. Las consecuencias de la violación a esa ley se verán en la lexia 5.

Lexia 5 “los devoran

            Aquí Hernández explicita la consecuencia de la violación a la “ley primera”. El ser “devorados“ no sólo indica desintegración, significa ser desaparecido, absorbido por el otro dentro del otro. Significa no existir más, como unidad ni como grupo colectivo para pasar a ser el cuerpo de otro. Ser fagocitado. Este significado de devorar, nos lleva al “aislamiento como castigo” de Noelle-Neumann ampliamente tratado en este trabajo. El devorado, no sólo está aislado, está en silencio, desterrado y anulado, el devorado está fagocitado por el afuera (lexia 6), lo temido, lo extraño. Es devorado por el desierto.

Lexia 6 “los de ajuera

Esta última lexia se señala quienes son los encargados de reprimir la violación a la ley primera, lexia 4 que se castiga en la lexia 5 y aquí es ejecutada por un sujeto bien definido “los de ajuera” (la barbarie) que indica quienes ejecutarán el escarmiento por haber roto la unión. Quienes los devorarán, los fagocitarán, quienes los harán desaparecer (lexia 5). La categoría “de ajuera” y de adentro denota un contorno perfectamente definido. La hermandad se establece como diferencia con los “de ajuera” que amenazan permanente con devorar, desaparecer.

Hay que denotar que la fraternidad nace en base a la paridad de los de adentro en diferencia con los de afuera; si no existieran los de afuera, no habría diferencia, por lo tanto no hay paridad. Los “de ajuera” como se dijo en el comentario de la lexia 5 también denota el destierro, el entorno, el desierto y por ende el aislamiento de la hermandad, de lo familiar, del hogar. “Infierno por infierno prefiero el de la frontera”. Aquí también se marca lo que señala Moyano: El refuerzo identitario del grupo de los de adentro y de los de afuera como nosotros y los otros, lo que refrenda un sentido de pertenencia.

La frontera

Trasgresión de frontera, cruzar el límite de lo permitido, desintegración. La historia de la pelea entre hermanos se hace carne en la figura de Hernández ya que toda su vida sufre el padecimiento de las desavenencias de un vínculo duradero. El matrimonio de sus padres estaba formado por simpatizantes de las dos corrientes antagónicas del momento, el padre provenía de familia federal y la madre de familia unitaria La niñez del poeta está jalonada por el desarraigo, el trauma de la pérdida, el desgarramiento afectivo y la violencia de esos años provocados por las luchas políticas. Va a vivir con su padre, al que lo une un gran afecto luego de la muerte de su madre, al campo, pero más tarde en su juventud temprana toma partido por los unitarios, lo que provoca una ruptura familiar definitoria con su padre y toda la familia paterna. Participa de las batallas Caseros y Pavón para luego retirarse del ejército para ingresar al territorio de las letras como periodista, pero a la lucha política nunca la abandona.

La alternativa que Hernández ve para el país en los años de 1870 es crítica (1872 “El gaucho Martín Fierro” 1879 “La vuelta de Martín Fierro”) ya que el contexto político social del momento hacía que pese a tener constitución nacional y haberse librado la batalla de Pavón, la integración de la nación todavía estaba en ciernes. Buenos Aires recién se incorporaría plenamente al conjunto de las provincias años mas tarde. Por lo tanto era necesario actuar en ese preciso momento desde la intelectualidad con un discurso pacifista y contemporizador para armar una andamiaje que posibilite la integración definitiva de La Argentina como nación y al gaucho como conciudadano, hecho que no ocurre hasta mucho después con la constitución de la Aduana Nacional, la ley de registro civil y del Ejército Argentino.

Sin duda su vinculación con logias políticas e ideas contemporáneas, especialmente las de Esteban Echeverría con su Dogma Socialista y desde otra óptica, pero con el mismo sentimiento, las de Juan Bautista Alberdi con sus Bases ponían en evidencia la ascendencia de esos hombres con los principios de la Revolución Francesa y las divisas de Libertad, Igualdad y Fraternidad. También por esos años se comienzan a suceder las corrientes inmigratorias que no cesarán hasta entrado el siglo XX, lo que alerta sobre una posible pérdida de identidad. Hernández no sólo ha sido un buen escritor sino que además fue una de las mentes más brillantes del siglo XIX. Su compromiso político y sobre todo su sagacidad para advertir de los problemas aún antes de que sucediesen, si bien no tan conocido como su obra literaria, tuvieron una ascendencia meridiana dentro de la intelectualidad. El grito de José Hernández es un grito desesperado a la unión fraterna. En su cuerpo están los registros de la historia violenta de la joven Argentina del siglo XIX, es por eso que su llamado a la “unión nacional” es imperioso. Su visión estratégica de los años ‘70 y ‘80 avizora los problemas que vendrán y es por eso que apela a ese discurso trágico pero a su vez efectivo y contemporizador.

Tenemos referencia de una carta que escribe Arturo Jauretche dirigida a Jordán Bruno Genta donde dice: “Para ustedes, la Patria se terminó en Caseros; para nosotros, todavía está por hacerse.” Esta noción de patria como ideal, como lo que está por venir, de nación por cosntruir persiste fuertemente todavía hoy en el pensamiento nacional argentino como el peronismo.

Una mirada revolucionaria

Esteban Echeverría en su texto Dogma Socialista habla sobre fraternidad como pilar de la democracia. Es curioso que pese a la vinculación que existía entre Juan Bautista Alberdi, Esteba Echeverría y Hernández la divisa de fraternidad no se haya colado en el texto de nuestra constitución. Dice Antoni Domènech[vi]en su libro “El eclipse de la fraternidad, una revisión republicana sobre la tradición socialista”, que las democracias latinoamericanas heredan de Europa su tradición republicana. Establece una diferencia entre el republicanismo de Estados Unidos, que nunca incorpora la consigna de “fraternidad”, a diferencia de los iberoamericanos. Sostiene que la:

“democracia jeffersoniana no se planteará nunca el problema político de la elevación a la vida civil de las clases domésticas subalternas. En una democracia de pequeños propietarios agrarios- la familia Engels, los farmers -como la soñada por Jefferson, o bien esas clases no existían, o de existir- como en el sur de la república- no vivían en condiciones de semiservilidad o de semivasallaje, sino en condiciones de inequívoca esclavitud”.

Nuestra república hereda su independencia y su tradición de la revolución francesa y no de la norteamericana. El rey era de España, Napoleón era un peligro imperial europeo que se podía trasladar a las colonias, la herencia, la inspiración y la tradición eran robespieranas, por eso al menos es contradictorio que nuestra constitución se inspirara en la norteamericana.

Domènech afirma luego que el sentido político de incorporar la consigna de “fraternidad en la revolución se debía a la necesidad y voluntad del pueblo francés de incorporarse a “una sociedad civil republicana de libres e iguales de quienes vivían por sus manos, del pueblo llano del viejo régimen europeo”, y este pueblo vivía de alguna forma “socialmente regimentados bajo una gran variedad de formas de dominación”.

Los intereses del pueblo llano y del pueblo burgués fueron distintos. Una vez establecida la revolución: el pueblo llano quería la incorporación de “todos” a la nueva sociedad civil de libres e iguales, los burgueses sólo querían su propia incorporación para poder avanzar sobre las estructuras que lo habían dejado relegado hasta entonces. Para éstos la libertad-igualdad era el libre ejercicio de la industria y del trabajo.

En 1790 el diputado Maximiliano Robespierre acuña las divisas de Libertad, Igualdad, Fraternidad cuando pide para los desposeídos la incorporación a la Guardia Nacional. En 1793 dice que la República debe asegurar a “todos” los medios de existir, “todos” deben tener una propiedad suficiente como para no tener que pedir permiso a otros para subsistir. Domènech afirma que hasta ese momento nadie había puesto en duda la dominación patriarcal, ni incluso el propio Rousseau.

“de aquí la extraordinaria fortuna de la consigna robespierana de <<Fraternidad>> como mediadora de la <<Libertad>> y de la <<Igualdad>>. Nunca una divisa política ha expresado un modo más feliz y colmado para sus bases sociales todo un ideario político y entero programa de acción”

Recuerda también a Friedrich von Schiller con su poema musicalizado luego por Beethoven en la Novena Sinfonía “El himno a la alegría”:

 

Escucha, hermano, la canción de la alegría;

el canto alegre del que espera un nuevo día.

ven, canta, sueña cantando,

vive soñando el nuevo sol

en que los hombres

volverán a ser hermanos. 

Si en tu camino sólo existe la tristeza

y el llanto amargo de la soledad completa.

si es que no encuentras la alegría en esta tierra,

búscala, hermano, más allá de las estrellas.

ven, canta, sueña cantando, …

Domènech refleja que el grito de ¡Fraternidad! es también un grito a la emancipación de las tutelas señoriales. De los que están bajo la esfera de la libertad y la igualdad pero que aún responden a los tutelajes de un patrón que nos domina, del que necesitan para poder subsistir. Si se podía ser hermano bajo tutela de un señor como

“menores que compartían cotidianeidad bajo la misma dominación patriarcal-patrimonial; se podía llegar a ser también hermano emancipado” […]  “Caído ese régimen, todos los individuos pertenecientes a la clase doméstica y subalterna, antes separadas y fragmentadas” […] “se unirían, se fundirían como hermanos emancipados que sólo reconocerían un progenitor, la nación , la patria”.

Por entonces Democracia, era tradicionalmente el gobierno de lo pobres ya libres, era la pretensión de universalizar la libertad republicana, de lograr una sociedad civil en que todos fueran plena y recíprocamente libres, iguales en el viejo sentido republicano de la palabra. Democracia era, pues, <<Fraternidad>> y fraternidad era Democracia.

Domènech recuerda que luego del guillotinamiento de Robespierre, con la Constitución de 1795, en Francia es abolido el sufragio universal. Se establece el voto calificado con el que se puso a resguardo la seguridad de los propietaristas. Luego bajo el poder de Napoleón, las ideas republicanas se esparcieron por toda Europa. Las ideas de ley civil y ley de familia volvieron a separarse y con ella la Fraternidad se desdibujó.

Esta situación se mantuvo en Francia hasta mitad del siglo XIX donde el “pueblo llano” de principios de siglo había cambiado su rol al de “trabajadores proletarios” de los nuevos centro urbanos industrializados, y a los campesinos les había cambiado su situación ya que ahora manejaban algo de tierra propia, también las capas media de la ciudad habían mutado a burgueses típicos como pequeños y medianos industriales. Con el advenimiento de la ideas marxistas, lo que ahora se discutía era la propiedad privada, el valor del trabajo, y la libertad industrial.

Los idearios fraternales, si bien se habían combatido, nunca se habían depuesto, en 1948 este ideal vuelve a florecer. Pero advierte Alexis de Toqueville que una sociedad sin patrones, esclavos con una loi de famille abolida, “sin trabajadores sometidos a los caprichos absolutistas” era incompatible con la libertad política, es decir con la República puramente política y no social. Por eso fracasa en ese último intento por reflorecer. El éxito de la burguesía por preservar la propiedad privada y el advenimiento del marxismo a disputársela es la causa fundamental que el concepto de fraternidad sea puesto de lado definitivamente. Dice Tocqueville

 “Vi la sociedad partida en dos: los que nada poseían, unidos en una común codicia; quienes poseían algo, en una angustia común. Se acabaron los lazos, se acabaron las simpatías entre las dos clases: imperaba por doquier la idea de una lucha inevitable e inmediata”.

Para Domènech la cuestión de la pequeña propiedad privada, no ponía en cuestión “el valor intrínseco de la Fraternidad pero sí su eficiencia como consigna programática. La divisa de la fraternidad fue en general considerada a partir de entonces por los socialistas políticos como un lábaro confundente (emblema de confusión), omnubilador del problema de base de la propiedad”. Cuán necesaria es esa divisa en nuestra Argentina de hoy cuando el voto se cambia por la dádiva y el pobre lo vende por un bolsón de comida o un trabajo en el estado. El “apriete” y la demagogia son monedas corriente. Parece actual el llamado del himno de “volver a ser hermanos”.

Sólo cabe mencionar el papel que jugó la mujer durante este período. Ésta tiene un protagonismo fundamental durante la revolución pero no es hasta fines del siglo XIX cuando la feminista Hubertine Auclert pone blanco sobre negro sobre la situación de la mujer, quien había estado ajena al tema de la propiedad privada y marca la contradicción que significaba no pedir la libertad civil de las mujeres: o todos son igualmente libres, o, los burgueses podrán seguir afirmando tranquilamente que ellos son los superiores de los obreros y de las mujeres. Se preguntaba si el pueblo burgués quería conservar los privilegios de sexo, “¿Qué autoridad tenéis para protestar contra los privilegios de clase?” Tan contundente como efectiva, la frase costó para imponerse pero falló en su intento de restablecer la idea de fraternidad.

La lucha de clase nunca más fue por la inclusión o por la eliminación de las dependencias patronales y propietarias.

El texto de Domènech citado en este apartado tal vez peque de romántico, pero no lo podemos dejar de lado, por que de él emana todavía la alegría y la fuerza viva de la fraternidad de la que nos habla el himno.

Una fraternidad, dos miradas

Ahondado en el primero de los dos textos citados: el del Martín Fierro de Hernández, donde la fraternidad se juega como un vínculo social elemental, como una Ley Primera, advertimos que aquí se marca un contorno o frontera que afirma un “yo” identitario diferenciado de los “otros”, los de afuera, la barbarie. El aislamiento opera fuera de esa frontera, en el desierto, en la barbarie (extranjero). El vacío del desierto no es sólo territorial, es la rotura de los lazos fraternales. Es el espacio por donde no circulan los mensajes, donde se interrumpen los vínculos y la comunicación. Para definir un gaucho amigo, hermano, cristiano lo crea como diferencia del indio (los de ajuera), el gaucho versus el indio, esa pelea la gana el gaucho y también Hernández.

¿Dónde se pueden dar estos vínculos? Sólo se dan en lo local, en el territorio fraterno, donde existe el reconocimiento del otro como par y la confianza de ser del mismo palo. En el desierto puede haber relaciones con otros seres humanos pero el vínculo fraterno no existe en este caso. Recordemos la estrofa 653 citada más arriba donde Fierro desnuda sus sentimientos ante “la cautiva” y le confiesa que prefiere ir preso en la civilización antes de seguir vagando por el desierto pues, infierno por infierno prefiere el de la frontera (en este caso el de la civilización)

Ante este texto el concepto de la espiral del silencio toma un valor meridiano. Es la condena social lo que lleva a Fierro a escapar al desierto. Una seguidilla de infortunios, una mala pasada que le tiende el destino es lo que lo pone fuera de la ley civil. El gaucho responde con vehemencia y un salvajismo inusitado y se pone lejos de su alcance, fuera de la espiral, catapultado hacia el desierto. Luego de experimentar esa tragedia decide repatriarse, volver, no para ser perdonado, sino para poder ser aceptado, en definitiva pretende recomponer los lazos fraternos.

De la mano de Antoni Domènech recorrimos el otro texto “El eclipse de la fraternidad” en el capítulo donde se plantea el problema de la divisa de la Fraternidad en la revolución francesa durante la primera mitad del siglo XIX. Aquí la cuestión no es más social, es política, casi gremial. La fraternidad como grito libertario de todas las cadenas de la opresión, “el grito de rotas cadenas”, de todo vasallaje, paternidad, discriminación o diferencia de clase sin importar la propiedad, la capacidad o el sexo; la igualdad absoluta, por el sólo hecho de ser hermanos, ciudadanos de la república. Lo que Domènech nos marca con este texto es la capacidad fraternal para constituir vínculo primario, la capacidad de la fraternidad de comunicar y de vincular pares.

De los dos textos citados tomamos las características esenciales de la fraternidad y estos son: el pie de igualdad que sostiene a todos los agentes ya que la agremiación se da sólo por el hecho de ser hermanos, vínculo despojado de toda valoración o categoría, sentimiento o tiempo. Una correspondencia absoluta, una igualdad de género. La segunda característica de la que nos habla Hernández es la necesidad de demarcar un entorno ante quien sean válidas todas estas premisas. Sin límite no hay posibilidad de reconocimiento del “otro como yo”, de constituir un nosotros, por lo tanto no hay identidad ni pertenencia social. Sin límite tampoco hay posibilidad de reconocimiento del otro como ellos y de allí la diferencia del ellos del nosotros. Nosotros y los otros diferentes. (metáfora muy usada en la actualidad entre los políticos, especialmente entre los caudillos del interior). El límite es el del espacio complejo como la membrana que define la célula. Es un límite permeable y difuso no un contorno definido rigurosamente.

La legítima construcción de la res-pública deberá ser fraternal y esta ha de levantarse desde base del reconocimiento y la confianza que proporciona hacia arriba. La república fraternal “Crece desde el pié” como en la canción de Alfredo Zitarrosa[vii]. Si los lazos fraternos se rompen, la confianza se relaja y las jerarquías comienzan a tensionar las fuerzas de un lado o del otro inclinando los intereses del colectivo para uno u otro lado; achicando su base y haciéndola menos sustentable

El reconocimiento y la confianza son el mortero que liga esa construcción, es la ligazón social primaria por excelencia, sin vasallajes ni condicionamientos. El vínculo fraterno es la adhesión sistémica y voluntaria a un colectivo que nos integrará en su seno como uno más, en un pie de igualdad recíproca con nuestros hermanos. Por eso es preciso determinar hasta donde llegan los vínculos o a partir de dónde no es posible extender los discursos para que no nos sintamos aislados.

La bidimensionalidad de la fraternidad

El primer texto nos marca la necesidad de establecer fronteras fraternales, de definir dominios donde sea posible tener temas en común, donde no se nivelen por una media estadística nuestras propias apetencias, necesidades y voluntades individuales sino donde opere la opinión pública. Donde pueda establecerse una comunidad que juegue un mismo juego, compartiendo reglas claras y sencillas y donde el no cumplirlas conlleva la responsabilidad de una posible condena social que en definitiva terminará yendo en desmedro del grupo. Este texto le confiere al concepto de fraternidad su dimensión espacial, donde son válidos los postulados de la espiral del silencio

En situaciones caóticas los elementos desordenados buscan naturalmente patrones que los ordenen. Luego de encontrarlos forman agrupamientos que los contienen y los hacen funcionar en conjunto. Los conjuntos a su vez interactúan entre sí y dan como resultado conductas y acciones grupales emergentes, las que nunca fueron planificadas ni pergeñadas por ninguna autoridad organizadora ni por ningún agente individual. De esa complejidad primitiva de repente emerge el orden y con el orden nuevas posibilidades para el conjunto. Si el orden es sostenible, o sea que se mantiene en equilibro de Nash, subsistirá en el tiempo, lo que confiere la segunda dimensión al concepto de fraternidad: la temporalidad.

El vínculo fraterno es el único que no acepta autoridad, se revela por naturaleza a ella; sólo en esa igualdad elemental es posible la construcción de un colectivo, y otorgándole posibilidades evolutivas, tal vez pueda sobrevivir en el tiempo, así, si lo logra, lo edificado tendrá la consistencia y solidez necesaria que se traducirá en cambio duradero.

Estas dos dimensiones le confieren a la fraternidad características de complejidad restringen de describir al sistema fraterno mediante una única dimensión. La fraternidad es una complejidad que evoluciona permanentemente tanto en el espacio, cuando cambia su topología, como en el tiempo cuando se rompe un equilibrio de Nash subyacente para mutar a otro distinto. Se debe tener en cuenta que los cambios en el tiempo son cuánticos, llegado el conjunto a un punto de inflexión gatilla el cambio interno donde se rompe el equilibrio momentáneamente, no se deberá inferir que el comportamiento de la fraternidad sea monocorde en el tiempo. En otra palabras, que el conjunto fraterno permanezca la mayoría del tipo en la situación conservadora del equilibrio, en contraposición a la topología que está en continuo cambio, no quiere decir que llegado un punto de inflexión el equilibrio se pueda perder para arribar luego a otra situación distinta a la original y tal vez estable. Los agentes se comportan caóticamente pese a que el conjunto aparezca como estable.

 

Referencias


[1] La pirámide de necesidades de Maslow consta de una jerarquía de 5 niveles de necesidad, algunas necesidades de déficit y otras necesidades de ser estas son: necesidades fisiológicas, de seguridad, de adaptación social, de autoestima y de autorrealización.

[2] Op. citada.

[3] Ver el capítulo El contrato sobre la no linealidad de los relatos.

[4] Ezequiel Martínez Estrada, escritor, poeta, ensayista y sobre todo crítico literario argentino.

[v] Unidad de significado.

[vi] Antoni Doménech es un filósofo catalán que dedicó muchos años estudiando el proceso de la revolución francesa en especial sobre la Fraternidad. Actualmente es catedrático de la Universidad de Barcelona.

[vii] Cantautor popular uruguayo.

Comentarios»

1. El nacimiento de la Fraternidad « El siglo de la Fraternidad - junio 22, 2009

[...] De revolutionibus orbium argentum dábamos una primera definición de fraternidad, y lo hacíamos de esta manera: “Fraternidad es [...]


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