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3. El verbo ciudadano

El debilitamiento de los vínculos tradicionales

(de familia, de comunidad, de asociaciones profesionales,

de religión, etc.) contribuye, por su parte a debilitar

el tejido conectivo de la sociedad y a preparar las condiciones

para el aislamiento y la alienación de las masas.

Mauro Wolf

Extracto

En este capítulo se abordan las posibilidades del lenguaje como requisito indispensable para la deliberación y el contrato en la construcción de la república. Sus problemas se articulan en una diferencia entre las palabras y los silencios.

La palabra

Desde un principio era el verbo. La palabra nos pauta, somos la palabra, nos llamamos palabra, la palabra es expresión, la palabra es unión; nos comunicamos con palabras, nos escribimos con palabras, la religión se transmite con palabras; culturalmente somos y vivimos en un mundo de palabras, la palabra afirma o destruye. O por lo menos eso creemos. ¿Sin la palabra cómo podremos establecer los vínculos necesarios para poder comunicarnos y juntos pactar un colectivo de inclusión?

Como veremos, son dos los flancos principales por donde la palabra pierde fuerza, estos son: por abajo, por una devaluación en la tabla de verdad provocada por una cuestión de poder que existe entre los que la poseen y los que no; y por arriba, por una desconstrucción creciente en el sistema de representación de la realidad en un mundo complejo.

Como contrafigura de la palabra está el silencio: el silencio es introspección, es meterse para adentro. El silencio otorga, en definitiva es pérdida de nuestra identidad individual en favor de una identidad compleja.

En la Argentina conviven ambas tradiciones: la de la palabra y la del silencio. Decía Atahualpa Yupanqui[i] que nuestros criollos se manejaban “con dos palabras y diez silencios”, marcando la diferencia cultural de éstos con la población de la ciudad. En el poema “Le tengo rabia al silencio”, Atahualpa se reprocha “por lo mucho que perdí” por culpa del silencio y aconseja “que no se quede callado quien quiera vivir feliz” . Se queja que “Hay silencio en mi guitarra cuando canto el yaraví[ii] y lo mejor de mi canto se queda dentro de mí”, se refiere a que mas allá de su voluntad no puede sacar por su guitarra o su canto lo que siente dentro de él.

Existen diferencias sociales entre los que usan la palabra y los que no la usan. Existen tradiciones distintas entre ambos grupos. Los argentinos de las ciudades, los que tienen ascendencia inmigratoria europea, poseen la palabra. Los que vienen del campo, de la tierra, de la llanura, los criollos, el gaucho, los indígenas, poseen el silencio. Según Elizabeth Noelle-Neumann[iii] existen diferencias de uso también por: edad, nivel de instrucción, hábitat, nivel económico e incluso también por género, muchas veces emerge la palabra pero la mayoría de las veces lo que prevalece es el silencio.

Los que usan la palabra construyen un universo simbólico a partir de una inteligencia racional y desarrollan el intelecto; los segundos, los que no la usan, poseen en cambio una inteligencia emocional y se manejan mejor en el mundo de las emociones y de la intuición. Los códigos son decididamente diferentes. En el interior de nuestro país se usan menos palabras que en las metrópolis. “Porteños charlatanes” es una frase que suele escucharse en el interior del país para definir, el uso y el abuso que hace la gente de la ciudad de las palabras. En la ciudad no entienden esa ausencia de palabra del interior. No se comprende y provoca un vacío que los mismos citadinos tienden a llenar con sus propias palabras. Ésta es una primera aproximación a la diferencia de lenguajes que trae aparejado un problema de comunicación que podemos resumir en que el “silencio” de los del interior es copado por las palabras de la ciudad. Es una ocupación del espacio del otro como un signo grave de autoritarismo.

El silencio

Se plantea la palabra como elemento diferenciador del interior frente a la metrópoli pero este problema no es sólo de las grandes ciudades, se da también, en menor medida, entre la intelectualidad del interior del país y los que por tradición no han manejado la palabra. La dinámica de la diferencia palabra – silencio es abordada desde diversas disciplinas como la psicología, la sociología, la psicología social, la teoría de la comunicación social, la lingüística, la teoría de juegos hasta desde la novel teoría de redes sociales.

¿Tendrá razón Noelle-Neumann cuando sostiene que el silencio aporta la verdadera cohesión social en contraposición con la visión de los que creen que el diálogo significativo es el que le da sustento a todo armado público? Esas tradiciones se traducen como un dato identitario y de pertinencia del grupo más marcada hacia lo social en el interior y una mirada más crítica y por ende más conflictiva y efervescente en las ciudades. Paulo Freire[iv] se refiere a una verdadera “cultura del silencio” que nos dejó como herencia la conquista de los pueblos latinoamericanos. Cree que la génesis de esa cultura del silencio se encuentra en la colonización de Latinoamérica, o que el sincretismo de las culturas dio como resultado ese silencio:

Así vivíamos todo nuestro período de la vida colonial. Presionados siempre. Casi siempre imposibilitados de hablar. La única voz que se podía oír era la del púlpito (…) el gran servicio que prestan ‘las iglesias’ al poder establecido, cuando hablan de tantos pecados, de amenazas de fuego eterno, de perdición sin rescate.” [v]

Freire[vi] se “identifica y anima los movimientos de la comunicación para el desarrollo como el empleo de medios como la radio en zonas de difícil escolarización, etc. Para Freire, los medios son un instrumento cultural de primera magnitud para romper el retardo de amplias capas sociales, para devolver la palabra al que no la posee, que es la negación del derecho de expresión y el origen de la cultura del silencio. La existencia del ser humano sólo se da en el diálogo, en la comunicación”.

En este sentido Freire es un adelantado a los teóricos de redes sociales y como Manuel Castells propugna que la integración en la comunicación y la información traerán aparejada la integración social.

Lo que debemos reconocer es que detrás de una palabra, escrita o no, hay un ser humano que grita, se queja, pide auxilio; en definitiva, que se hace escuchar y que se quiere socializar mediante esa palabra. Detrás de un silencio también hay otro ser humano que no provoca palabra pero por eso no puede ser clausurado o anulado; éste es el verdadero principio de inclusión, el de la inclusión al diálogo.

¿Para qué sirve la palabra frente a un rodeo de vacas, para qué sirve la palabra en la llanura patagónica, o en la puna, para qué sirve la palabra si se está frente a una máquina? Sirve y acompaña más un grito, una seña, una mirada, una sonrisa. En este caso la palabra realiza un efecto rebote: excluye. Y las reglas son de palabras, están hechas de palabras; las leyes son palabras y poseer la palabra es poder, en tanto no hacerlo margina. Las maestras llaman a esto alfabetización; es común que al inicio de un año lectivo se encuentren dentro aula de pre-primaria con chicos que se desempeñan perfectamente con la palabra y otros de la misma edad que tienen un vocabulario de no más de veinte palabras, ambos se encuentran en un mismo espacio.

Los ágrafos

Dentro del mundo de la palabra existen dos tradiciones la palabra escrita y la oral. La grafía abre todo una compleja tecnología que termina pautando nuestra forma de pensar[vii]. La doctora María Isabel Requejo[viii], en un trabajo publicado por la Asociación Tucumana de Investigadores en lengua quechua, hace un análisis muy interesante sobre la “pobreza” de vocabulario y la autoría de la palabra y del pensamiento desde la lingüística social[ix]

“Cuando un niño o adulto no encuentran palabras en su memoria para decir lo que desde la escuela se les pide, resulta decisiva la actitud y el compromiso de quien le enseña por cuanto podrá contribuir a afianzar o no el proceso de construcción de su identidad social y lingüística. Por eso frases tales como ‘no se dice así, se dice así’; ‘siempre hablás mal, ¿porqué no decís lo que te pregunto?’; etc., constituyen otras tantas discriminaciones y ejemplos del racismo lingüístico que aún campea en nuestra sociedad”.

En este artículo, ella expresa que: “La propiedad y autoría de las palabras (ser propietarios y creadores de palabras y conceptos); la posibilidad de aprender y desarrollar un universo amplio de expresiones lingüísticas; el manejo consciente de asociaciones de sentido diversas; la mayor o menor comprensión de situaciones de la vida real y su posibilidad de ser transmitidas mediante el lenguaje; el análisis de micro y macro-situaciones comunicativas a fin de comprender los procesos de producción, selección y distribución de la información y de los modelos subyacentes; guardan estrecha relación con otras posibilidades y propiedades (privadas, por lo general) a las que acceden las personas, y en este caso, los niños.”

Y cita un ejemplo: “Afirmaba Juan Mamaní, peón de campo, nacido en Mala-Mala, zona de altas cumbres, (Tucumán, Argentina): ‘Usted y yo somos diferentes, porque cuando usted quiere decirme lo que piensa, lo que siente, lo que sueña, tiene todas las palabras para decírmelo; en cambio yo no encuentro en mi memoria las palabras para decirle lo que pienso, lo que siento cuando estoy sentado a las tardes cerca de mi casa mirando las formas de los árboles que nunca es la misma porque cae el sol, sopla el viento y todo cambia. Yo no puedo encontrar las palabras. Pero hay dos cosas que nos unen a usted y a mí: la voluntad y el sentimiento’.

“Juan expresa ‘no encontrar en su memoria las palabras’. Sabe que al no poseerlas, no puede transmitir todo lo que ha percibido, experimentado, aprendido, desde que era niño. Su memoria, su cerebro tiene representaciones que no puede transmitir, pero a la vez puede expresar oralmente otros conocimientos. Memoria que es uno de sus sostenes internos: histórico-cultural y lingüístico-cognitivo; una de las estrategias de resistencia cultural, común a millones de personas: tener memoria y poder transmitirla o silenciarla. En cambio la escritura o la lectura de textos es aún parte de una memoria costosa, escasamente desarrollada (para las mayorías de los sectores populares). Ahora bien, la síntesis profunda de su mensaje y el poder comunicativo del mismo obedecen a formas de transmisión cultural y de registros y formas de percepción del mundo distintas a las del universo escolar. Un dato relevante: lo que pensaron sus padres, compañeros, abuelos, jamás ha sido transformado en texto escrito. Su pensamiento tampoco. Historias que no dejaron registro ‘oficial’; historias de un agrafismo secular, y que continúan siendo juzgadas como anónimas. De ahí que los procesos mnemotécnicos complejos de los sectores populares ‘ágrafos’ constituya una defensa identitaria importante. Pero como ellos mismos nos han enseñado, con la memoria oral no alcanza para poder dejar constancia de una cultura. Juan aprendió a leer y escribir en la escuela –gran conquista– pero: ¿qué contenidos aprendió a leer y a escribir?; ¿los que afianzan una lectura y comprensión del mundo para poder expresar sus pensamientos, ideas e indagar relaciones complejas?; ¿para debatir, cuestionar, repensar producciones culturales, políticas, ideológicas y lingüísticas?; ¿para contemplar la realidad y describirla, o para transformarla activamente o más bien aprendió a escribir una escritura que no lo representa?”

Discriminación y racismo lingüístico

Requejo nos habla de discriminaciones y de racismo lingüístico cuando se refiere a las diferencias en el empleo de la palabra y de imposición de un lenguaje sobre el otro. Al igual que en el poema de Atahualpa Yupanqui citado mas arriba denota la imposibilidad de sacar la palabra de adentro por “no encontrarla”. La doctora Requejo realizó sus estudios principalmente en la zona de Cuyo y en el NOA, donde la cultura quechua está muy presente. Cuando los inmigrantes de Bolivia y Perú –en donde también encontramos tradiciones similares a las que la doctora estudia– llegan a Buenos Aires, uno de los factores que más inciden en la discriminación es justamente la falta de vocabulario. El silencio otorga. En la tradición andina, en Perú y Bolivia el pueblo originario sólo contesta si es preguntado, mucho menos podemos esperar que emita opinión. Es un rasgo muy marcado que a veces choca con la cultura de tradición occidental, se lo suele confundir con descortesía o sumisión. Desde la óptica de Freire este rasgo ha sido una cultura impuesta por la colonización que se traduce en la imposibilidad de un diálogo significativo para la construcción de ciudadanía.

La conquista del desierto es un ejemplo de copamiento del territorio a partir de un copamiento del lenguaje como marca Marisa Moyano[x], a partir de considerar el vasto territorio de la nación como vacío; desierto yermo que espera su demarcación en los mapas, el descubrimiento de los hitos geográficos que jalonaran los planos de los territorios a “conquistar” y que llevarán en definitiva la civilización a esa nada simbólica y lo que es más provechoso, lo que pondrá como productivas a esas tierras en manos de “nadie” para el beneficio de la nueva nación. Ganar la batalla da derechos.[xi]

Este problema de capacidad de expresarnos mediante el lenguaje se agrava ahora por el advenimiento de la imagen, en el que la palabra se reemplaza por la síntesis del ícono, del ideograma. Éste es un segundo conflicto que se suma al cultural. En los libros de texto la palabra escrita está siendo invadida por la imagen que la desplaza y muchas veces es reemplazada por el resumen (la famosa fotocopia) que siempre es una visión sesgada de la idea original, una interpretación de la misma. Si en la escuela no se cuida la palabra, ella corre serios riesgos de extinción.

La diversidad afecta a la lingüística porque en un sistema más incluyente la palabra se ve seriamente afectada como elemento comunicador. En este escenario pierde su valor de verdad porque debe adaptarse a universos que no puede abarcar, porque si se quiere mantener como sistema de representación dentro de la diversidad debe convertirse en un elemento excluyente y discriminador.

¿En qué lenguaje se le puede hablar a un universo cada vez más amplio y diverso? Esto es una contradicción en sí misma ya que si la palabra es la comunicadora y constructora de colectivos por excelencia, al transformarse en discriminadora se convierte en elemento disociador. Esto explica, como se ve en el capítulo La espiral del silencio por qué el silencio es unificador. En este caso la globalización actúa abriendo el mundo a la diversidad, es por eso que tenemos que tener herramientas para poder acceder a él. Nuevas formas de representación deberán inventarse para comunicar el mundo complejo. Si la palabra es por excelencia la forma elegida por nuestro lenguaje para expresarse y comunicarse, al violentarla o negarla estamos negando también nuestra posibilidad de vínculo, nuestra propia humanización.

La adicción

La adicción es la negación de la palabra; es la imposibilidad de expresarnos. La censura, el autoritarismo, la coerción, la exclusión, la fuerte tradición cultural del silencio, como se vio en el apartado anterior, nos ha vuelto adictos en todas sus acepciones. A dicto quiere decir no dicho; el no poder decir, no poder manifestarse, también quiere decir adherir involuntariamente, depender, someterse.

Cuántas veces –en una reunión de padres en la escuela, en un aula, en una reunión de consorcio, en un meeting político– nos hemos visto imposibilitados de expresar lo que queríamos decir por vergüenza, miedo, para no sentirnos en ridículo o aislados o incluso sólo por la falta de práctica para expresarnos en público. Ésa es una conducta adictiva que nos restringe como ciudadanos, como soberanos, nos quita humanidad.

Y cómo podrá formarse una república, una sociedad de ciudadanos, si sus integrantes están impedidos de un lenguaje común, imposibilitados de decir su voluntad, de comunicarse. ¿Cómo podría integrarse un colectivo sin un lenguaje que sirva de nexo? Y cuando una asamblea se expresa o decide, ¿a quién representa, qué colectivo expresa?

Cuando se forma un grupo de estudio o de trabajo, es usual en un comienzo que para que el grupo se conozca las tareas se centren en actividades tendientes a fortalecerlo, pulir las diferencias y sobre todo establecer objetivos comunes y grupales (tematizar).

Según la teoría de grupo, para que exista es condición necesaria que sus integrantes adhieran al mismo y se sientan identificados o representados por él para trabajar luego en su fortalecimiento. Es la única forma de estar contenidos, en definitiva es la forma de sentirnos incluidos y de pertenecer. Estas son etapas constitutivas del colectivo en una sociedad; si desertamos en alguna de estas etapas constitutivas, la república nos será ajena, no será ya res pública, cosa pública sino cosa privada, cosa ajena.

Como consecuencia de la adicción y la poca conciencia de grupo el colectivo que identificamos como argentino está en una situación de extrema vulnerabilidad y fragmentación, en un proceso de desafiliación de “lo nacional”. La globalización en este caso también actúa porque este proceso –descrito como local– no ocurre sólo en nuestro país sino, en mayor o menor medida, también está ocurriendo en otros escenarios.

Cuando los países se encuentran en procesos de desintegración no es fácil establecer un camino de salida. Las propuestas alternativas a esta están en concordancia al avance de ese proceso. Si se quiere salir de esta situación se debería torcer el actual rumbo atacndo el problema de raíz, deberíamos encontrar un código común capaz de generar una comunicación que posibilite el andamiaje de entendimiento en un mundo diverso y fragmentado. Tal vez estamos más lejos de lo que pensamos de la frase “pensar global, actuar local”.

En este caso las redes sociales pueden aportar una solución ya que podemos escenificar los diferentes grupos como comunidades integradas en clusters que a su vez tienden vínculos hacia otros grupos mediante enlaces débiles. Este tipo de relacionarse tiene la particularidad de posibilitar enlazar grupos entre sí. En el capítulo Las esferas sociales se trata este tema con mayor detenimiento.

Referencias

 

[i]Atahualpa Yupanqui, seudónimo de Héctor Roberto Chavero (19081992). Fue un poeta, cantautor, guitarrista y escritor argentino.

[ii]Cantar que expresa el dolor producido por una pena de amor. Video de la francesa Marie Laforêt

[iii]El capítulo La espiral del silencio se hace referencia de forma muy extensa a esta autora.

[iv]Paulo Freire (1921-1997) fue un educador y pedagogo brasilero que aún hoy es reverenciado por muchas personas como una de las autoridades más relevantes de la historia de la pedagogía mundial.

[v]Paulo Freire, Pedagogía del oprimido (1970), Siglo XXI es un de los textos sobre educación que más se citan en la actualidad, especialmente en Latinoamérica y África.

[vi]Portal de comunicación Infoamérica www.infoamérica.org

[vii]Ver Landow ampliamente citado en este trabajo y en el anexo I

[viii]CERPACU de la Universidad Nacional de Tucumán, Argentina.

[ix]María Isabel Requejo, La “pobreza” de vocabulario y la autoría de la palabra y del pensamiento. Análisis desde la Lingüística Social., CERPACU. http://usuarios.arnet.com.ar/yanasu/pobreza1.htm

http://usuarios.arnet.com.ar/yanasu/pobreza2.htm

[x]Marisa Moyano es doctora en letra y actualmente es profesora en la Universidad Nacional de Río IV, autora sobre varios trabajos sobre la frontera.

http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=703039

[xi]Ver planteo del desplazacmiento de los espacios públicos a manos privadas en el capítulo “La condición Argentina”.

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Comentarios»

1. isabel - abril 21, 2009

Estimado Carlos: recièn, buscando articulos para la materia Linguistica que dicto en la Univ. nac. de Tucumàn, encontrè tu muy original web-blog : ” Sobre los movimientos de las esferas argentinas”.
Me interesan muchooo tus reflexiones, tu manera de pensar-argumentar-dar a conocer ideas, sentimientos, problematicas actuales.
Ya he agendado esta web para consulta y debate con los alumnos de Letras porque es un aporte valioso, sincero, necesario.
P.D: ha sido una sorpresa ( linda ) ver que has incluido parte de nuestras reflexiones sobre la ” pobreza ” de vocabulario y las discriminaciones linguisticas.Gracias tambièn por esto.
Desde Tucumàn, un calido saludo y reconocimiento,
Isabel Requejo

Carlos Bolye - mayo 7, 2009

Isabel, recién hoy veo tu comentario, es un honor que pases por acá, no sabés lo importante que han sido tus aportes para el desarrollo de este libro. Desde ya muy agradecido.
Cabe una disculpa, recuerdo haber buscado en la web una dirección tuya donde pudiere enviarte un correo, eso fue ya hace bastante, pero no pude encontrar nada, creo que mandé un mail a la Univeridad de Tucumán, de todas formas me quedé tranquilo porque en tu sitio te expresabas claramente sobre la utilización de tus contenidos. Cumplí con citar la fuente.
Es curioso he seguido trabajando sobre el tema de los silencios, que fue lo que mas me impresionó sobre tu trabajo, el “costo” de la palabra, la propiedad y la autoría de la palabra. Aquel libro se iba a llamar Paisajes del Silencio pero después opté por el título que tiene.
Te cuento que estoy escribiendo un segundo libro sobre Fraternidad, en donde la palabra no es lo escencial para constituir la res pública, que se puede tener reública incluso sin palabras, que lo importante es la unión fraterna que nos posibilitas el afecto y el amor a través de las emociones que son imprescindibles para que permanezcamos unidos.
La palabra sigue siendo importante en la medida que no excluya.
Te soy absolútamente sincero cuando digo que tus trabajos verdaderamente me impactaron, le dieron la justificación a lo que intuía, pero de lo que muchos republicanos se niegan a hablar.
Hoy creo resolverlo mas para el lado del populismo, no el populismo como patrón de estancia, sino el populismo del piquetero que es capaz de crear institución, capaz de crear una acción concreta mediante la que se la que se puede hacer escuchar. Creo que esta es mas república que la del ágora y la deliberación, por lo menos es mas inclusiva.
Nuevamente te digo gracias, y espero que esta comunicación siga entre nosotros.


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