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2. La condición argentina

El poder no es nunca propiedad de un individuo,

sino que pertenece al grupo y se mantiene

sólo en la medida en que el grupo permanezca unido

Hanna Arendt.

Extracto

En este capítulo se analiza nuestra idiosincrasia política. Una parte importante de este análisis está dedicado al origen corporativo de las instituciones de nuestro país y a la metáfora del desierto como matriz de apropiación. Luego se relevan datos sobre el registro del dolor y el uso del miedo para utilizar la espiral del silencio.

La Argentina de la individuación

Mientras los procesos globalizantes se llevaban a cabo en nuestro país como en tantos otros, el pueblo miraba indiferente.

Todos –en una u otra medida – avalábamos al avance de las políticas que hoy nos gobiernan. Ya sea por acción o por omisión.

Bien está que a todos no nos cabe la misma responsabilidad: habemos los que denunciamos, criticamos y discutimos esta realidad; los hay los que queriendo, no pudieron expresarse a tiempo por uno u otro motivo, en general de índole cultural; también dentro de este abanico encontramos a los que pudiendo exteriorizar opinión optaron por permanecer en silencio, avalando así por omisión el statu quo, contrariando muchas veces su propia voluntad. En tanto los actores principales, los que tenían la responsabilidad de conducir los procesos políticos, la clase dirigente en su conjunto, dejó que avanzara el afecto corporativo tanto para dentro como para afuera de las instituciones. En muchas lo fomentó. No discriminó sobre el objeto de la misma sea éste político, social, religioso, empresarial, gremial, etc. Dejaron correr la bola.

Podríamos hablar de una sociedad fragmentada en el sentido que la utiliza el Dr. Gustavo Aruguete [i]en su trabajo “Redes sociales, una propuesta organizacional alternativa” quién sostiene que: “los escenarios que habitamos son los de una sociedad con un sistema democrático restringido. La base estructural de esta restricción es su fragmentación en grupos aislados del conjunto social, inevitablemente en pugna entre sí, y que se alternan en su condición de víctimas y victimarios]… [Advertimos la existencia de una sociedad fragmentada en “minorías aisladas”, discriminada en grupos humanos en los que se producen, al decir de Robert Castel[ii], procesos de desafiliación, que sufren pasivamente una pérdida en su pertenencia social.” Un al “don pirulero social”.

La ausencia de representatividad y legitimidad de las instituciones, –salvo honrosas excepciones– cooptadas por intereses corporativos; la anomia total en los órganos deliberativos, con su representación también fragmentada en el sentido de R. Castel citado más arriba, que en general encarna sólo los intereses corporativos y no los de sus representados; las instituciones sociales y ONGs vaciadas de contenido, convertidas en pista de pruebas de nuevos punteros o empleados obedientes; las instituciones intermedias, más preocupadas por comer el asadito semanal que en la discusión de las ideas de la institución; las entidades sociales como los clubes, que pasan por una situación económica muy mala que determina que les resulte casi imposible desarrollar las actividades culturales, deportivas o sociales objeto de su creación, constituye una situación por demás problemática.

En palabras de Robert Castel[iii]Dado que el individuo no está tomado en las redes tradicionales de dependencia y protección” social, tales como el seguro de desempleo, la jubilación estatal, el seguro de salud pública, en definitiva el tejido conectivo que nos asegura desde lo colectivo, “lo que lo protege es la propiedad. La propiedad es la base de recursos a partir de la cual un individuo puede existir por sí mismo y no depender de un amo o de la caridad del prójimo. Es la propiedad la que garantiza la seguridad frente a las contingencias de la existencia, la enfermedad, el accidente, la miseria de quien no puede seguir trabajando […] es también la propiedad la que garantiza la autonomía del ciudadano”. Más adelante en el mismo trabajo afirma que: “La inseguridad social no sólo mantiene viva la pobreza. Actúa como un principio de desmoralización, de disociación social, a la manera de un virus que impregna la vida cotidiana, disuelve los lazos sociales y socava las estructuras psíquicas de los individuos. […] Estar en inseguridad permanente es no poder dominar el presente ni anticipar positivamente el porvenir. […] Podría hablarse de desasociación social (lo opuesto a la cohesión social) para nombrar este tipo de situaciones”.

Todos, en mayor o menor medida, hemos coincidido en cómo llegar hasta aquí. Ahora serán nuestros hijos quienes nos juzguen si les entregamos un lugar para vivir más degradado que el que recibimos nosotros de nuestros padres. Tal vez sean también ellos los que nos critiquen por hacerles padecer país más inseguro, con exposición a nuevos riesgos como la degradación de la tierra, el exterminio de las mariposas, las lechuzas o los sapos, todo por habernos convertido en bárbaros cibernéticos y abusadores de la tecnología.

¿Será la consecuencia de haber atendido nuestro propio juego, de no poder compartir con nuestro vecino un mismo país, o será un derrotero pergeñado desde afuera del que no podemos escapar por más que queramos? ¿Será esto la consecuencia de votar o participar de una estructura de pensamiento único y servil a intereses difusos no siempre locales?

Dos conceptos sobre territorio

Navarro Floria[iv] hace una distinción entre dos conceptos teóricos sobre territorio: el de “conciencia territorial, de raigambre más tradicional, y del otro concepto de construcción social del espacio, más cercano a la idea de espacio imaginado como producto o invención. Mientras que esta última idea coloca al territorio del Estado nacional al final de un proceso de construcción ideológica, la primera refiere al supuesto de un territorio nacional preexistente a su ocupación efectiva”.

Partimos de estas definiciones para abordar el ejemplo de la problemática territorial la provincia de Santa Fe que ilustra lo ocurrido en los últimos años dentro del sur de nuestra provincia pero que es totalmente transportable a cualquier otra región del interior del país. Parafraseando a Navarro Floria sobre la constitución del territorio nacional podemos decir que sus departamentos fueron concebidos por la misma mano política. ¿Cómo ocurre este proceso?

Inicialmente en nuestra provincia existían solamente cuatro departamentos En 1907 se crea la última división departamental vigente hasta hoy.[v] Desde entonces, hace exactamente un siglo, la división política del territorio santafesino no ha sufrido ningún cambio. Podemos distinguir límites descriptos por arroyos y ríos que son barreras naturales. Esto los hace difíciles de reubicar porque naturalmente dividen o separan territorios y sociedades. De los otros, de los políticos, que son la mayoría y como tales pueden y deben ser sometidos a constante revisión para un mejor desempeño “político” propio de una provincia o una nación como conjunto.

¿Deberíamos considerar estas divisiones políticas de nuestra geografía como dadas, divinas, irrenunciables o podemos intentar discutirlas? ¿Deberíamos considerar nuestros territorios como una invención no-real de las elites políticas oscuras para proporcionarnos una conciencia territorial y política; inventando el territorio donde nos movemos con tal eficiencia y tan natural ante nuestro ojos que parecería que siempre hubieren estado allí?

Ahora la pregunta fundamental de estas cuestiones propuestas por el historiador. ¿La construcción del espacio social que comprende nuestro territorio debe responder a esa división política clausurada hace ya un siglo o es pasible de revisión?

La segunda fase de la construcción del sur santafesino a partir de la “conciencia territorial” responde a adecuar el territorio político al territorio real actual del sur de Santa Fe, (en el ejemplo pero podría ser cualquier territorio subprovincial.)

Nota: la provincia de Buenos Aires tiene otra mirada de su cartografía política, los partidos se están agrupando y dividiéndose continuamente, nosotros evaluamos los resultados de esa dinámica bonaerense contrastándola con la nuestra. Los resultados son muy auspiciosos a favor de aquella.

Referente a cuestiones similares como el ejercicio del poder político sobre los nuevos territorios nacionales recuerda que “si no se llegaba hasta los límites políticos en el ejercicio de la autoridad, no se era una nación“, e implicaba el interés por conocer, dado que “sin el conocimiento geográfico no se podían elaborar planes de avance ni mucho menos completar la cartografía[vi].

De esta evaluación concluimos que los dos mapas no coinciden, el mapa de la “conciencia territorial” se disloca del mapa de la “construcción social del espacio”. En esta última geografía operan cambios constantemente y el gobierno (provincial en este caso) para ejercer su autoridad y para no delegarla en feudos, comisarios o punteros, deberá relevar los nuevos mapas de donde pueda informarse sobre cómo colaborar en construcción social de un espacio moderno.

La metáfora del desierto

Sin ahondar en detalles hablaremos ahora, en una apretada síntesis, de lo sucedido por estas pampas desde la óptica propuesta por el historiador para volver sobre el concepto de “metáfora del desierto” citado en el capítulo De lo local a lo global.

Entre los que utilizan esta concepción metafórica esta la geógrafa Carla Mariana Lois[vii] quien manifiesta …el significado habitual del término “desierto” referido a un “espacio vacío“, en una operación no explícita, se hace extensible a “vacío de civilización”. En efecto, el concepto de desierto remite a un espacio vacío y deshabitado[viii]. Claro que, aunque resulta llamativo que pueda llamarse desierto a un área en la que la presencia de los indígenas era fuerte y constantemente reconocida, puede suponerse que la existencia de formas de organización social, económica y política incongruentes con los parámetros de aquellas formas de organización del mundo capitalista occidental habilite a generalizar la acepción figurativa especificada en un diccionario de la época, en tanto “predicar en desierto” significaría “dirigir la palabra a oyentes no dispuestos a admitir la doctrina o consejos que les dan (Real Academia Española, 1899: 340)[ix]. Sin embargo, cuando hablaban de “desierto” el énfasis estaba puesto en el referente empírico territorial: la ausencia de civilización era asumida como un “vacío” y legitimaba la conceptualización como “desierto”, dotándolo de un sentido muy laxo que nada decía sobre los habitantes del lugar. De esta forma, ignorando la existencia de población indígena, es que se construye el vacío y, consecuentemente, el desierto. En torno a esta cuestión se fundamentan y se materializan los proyectos de apropiación territorial (de características militares) llevados adelante por el Estado: el criterio de apropiación -y de legitimación de la apropiación- suponía que “la estatalidad se impone sobre la nada“. Esto, significativamente, ponía fuera de la discusión la cuestión indígena y situaba al desierto como escenario óptimo para la civilización.”

Todavía hoy podemos observar cómo opera este mecanismo de cooptación, mediante el uso del mismo discurso, como avanzada del copamiento de los territorios reales en el proceso de ampliación de la “zona sojera”; antes la excusa era ampliar la “zona ganadera”. Se suelen escuchar denuncias provenientes del Chaco que tal o cual comunidad aborigen es desplazada de sus territorios en pos de “agrandar las fronteras de la producción”. Hasta fines de los años ‘80 los cultivos de soja de nuestra zona no habían sido tan invasores como lo fueron después. Nuestra zona desde siempre ha sido marcadamente “agrícola-ganadera” e industrial. Con el advenimiento de las políticas neoliberales se congela el dólar y los costos de implantación de cosechas así como el de todos los bienes pecuarios atados al mismo sufren del embate de la importación provocando en todo el campo argentino una creciente recesión. Con la crisis mejicana y sus repercusiones, los bancos secan las plazas locales y hacen caer la actividad de la región. Muchos comerciantes se funden, las casas de remates ferias son cosa del pasado. Los frigoríficos de la zona cierran sus puertas, se achican o pasan a manos de inescrupulosos que sistemáticamente se presentan en convocatorias de acreedores, perjudicando de esta manera a muchísimos invernadores de ganado. Los campos del “desierto” que alguna vez habían sido conquistados para ampliar las fronteras de la ganadería, ahora debían cederle el paso a la soja.

Es entonces que la soja desplaza a la ganadería. Muchos tambos se cierran o se achican y la industria metal mecánica y agroindustrial prácticamente desaparece. Un vaciamiento y parálisis de la economía se apodera de la región- la metáfora del desierto. Locales de depósitos y galpones de fábricas son ocupados por bailantas. Los chacareros chicos, los que alguna vez habían sido motor de la región, se ven forzados a vender a otros más poderosos. La escala de la chacra sufre variación en su valor comparativo. Un campito heredado de sesenta o cien hectáreas ya no es suficiente para mantener por sí solo a toda una familia. Las empresas familiares otrora contenedoras de los hijos dentro del esquema familiar y social “no son económicamente viables” y deben cerrar. Muchos deciden vender. La metáfora del desierto es actualizada por la metáfora de la flexibilidad e inviabilidad económica. Aparecen nuevos actores.

Mientras tanto semilleros que siempre habían estado allí empiezan a incorporar tecnología y se reconvierten en “tecnología de punta”. Las maquinarias agrícolas que siempre habían sido de origen nacional son reemplazadas por otras importadas, nacen las empresas de maquinarias y la siembra directa. Las rutas se privatizan, tanto las nacionales como las provinciales, la salida a puerto la controlan unas pocas multinacionales con puerto propio, ya la Junta Nacional de Granos no cumple funciones y se desguaza, los ferrocarriles corren igual suerte. Los viejos acopiadores de cereal, tanto privados como cooperativos se funden, dejando un tendal de colonos damnificados. La concentración de los granos la hacen los mismos pulpos que son dueños de los puertos. Aparecen firmas conocidas comprando campos.

Este escenario cierra con la caída del telón final del “corralito”. Es importante esto: tal vaciamiento de nuestra pampa santafesina se presenta como eterno ante nuestros ojos. Los pueblos y las chacras se van deshabitando mientras las ciudades reciben esos emigrantes a los que no pueden asistir con un trabajo digno. Las escuelas son el refugio de muchos niños que tienen como única comida la que allí les proporcionan. Muchos comprovincianos se enfrentan con el remate de su vivienda sobre sus cabezas. Nacen las “Mujeres en Lucha” como una resistencia de género al atropello que significaba a la familia chacarera la desconstrucción de su razón de ser. Deplorable situación, incongruente con una región tan rica como económicamente inviable.

Las instituciones sociales

Otro dato de la historia a destacar lo aporta el rol que jugaron las instituciones sociales por esos tiempos. Cooperativas, mutuales y otras organizaciones que habían tenido por objeto dotar de seguridad social a los colectivos de la región y que desde siempre habían tenido un rol unificador del tejido social de la provincia; asociaciones como las españolas o italianas que en su momento habían sido los motores culturales y económicos de la zona, ya no prestan ese preciado servicio, y si lo hacen deben sortear muchísimas dificultades sobre todo de índole económico, por lo que cesan en el cumplimiento de aquellos objetos sociales por los que habían sido concebidas. Este relato es de lo que sucedió aquí en nuestra zona pero se repite en muchísimas otras localidades de nuestro territorio nacional Al entrar en crisis las instituciones entra en crisis también el cuerpo social que las sustentaba. Esto es causa de la fragmentación y la emigración de muchos de los pueblos, esencialmente de gente joven que parte en busca de un futuro más promisorio disolviendo así familias y sociedades.

Vaciada la economía, fundidos los bancos, nuestros territorios sufren otro contratiempo, no económicos esta vez. La cultura de los pueblos cambia, las ciudades acostumbradas a dar la oferta cultural y de esparcimiento a los pueblos más chicos también anulan esa posibilidad. Mucha gente emigra al exterior o hacia otras zonas de nuestro país. Habría de venir el cambio: La toma de ganancias.

Todo el cambio negativo y el desgaste operado desde 1995 hasta el 2002 dan una vuelta de campana de la noche a la mañana cuando se produce la devaluación. En dos meses, con parte de la cosecha aún sin vender, los frutos pecuarios de los colonos cuadruplican su valor, pero eso no era lo único que habría de cambiar. Con una producción revalorizada, los chacareros recién hacen conciencia del retroceso sufrido como cuerpo social durante todos esos años.

Ahora los actores son otros: a las familias, las cooperativas, los clubes, las asociaciones civiles los reemplaza la empresa anónima. Las semillas tienen una tecnología privada y no se pueden guardar de un año para otro, los agroquímicos con los que tienen que matar las malezas para obtener rindes acordes con las nuevas reglas de la economía son también de tecnología privada. Las cosechas deben hacerse con maquinarias demasiado costosas, un día de más en el campo puede significar dramáticas pérdidas en los rindes del cereal. El transporte, las rutas, los ferrocarriles y los acopiadores son toda una corporación que acota las posibilidades de especular con el valor de venta del cereal. Organismos estatales como la Junta Nacional de Granos destinados a proveer la necesaria seguridad económico-social para la familia agropecuaria, no existen mas, sólo le queda la propiedad de la tierra, del impuesto inmobiliario y los alambrados… como si se tratara de un galpón para la cría de pollos.

Los jugadores fuertes ya habían comprado durante la década del 90 las grandes estancias de la zona, durante el período en que la economía era económicamente inviable. Los campos que adquirieron en Rúnciman, Christophersen, Rufino, María Teresa ven incrementado en 5 y 10 veces su valor en dólares. Los semilleros son los reyes de las exposiciones agroindustriales. La propiedad privada definitivamente había cambiado de manos. Era la hora de tomar las ganancias. 

El vaciamiento del sur santafecino, que aquí se toma como ejemplo, se rubrica con la deserción de la cosa pública de los sucesivos gobiernos provinciales, nacionales y en muchos casos también de los locales. La ausencia de políticas de estado es notoria, no solo en la educación y en la salud que fueron en franco retroceso en todo el territorio nacional, sino que la seguridad se ve seriamente relajada, avalada por una justicia ineficaz cuando no complaciente. La abdicación de “la política” en favor de la empresa privada no es casual, se pergeña en un aprovechamiento de la crisis por parte del neoliberalismo que hace un negocio capitalista en desmedro de nuestras desgracias. La metáfora de la inviabilidad económica, la vieja metáfora del desierto.

Cuestionada la concepción del sur santafesino como espacio político consolidado, recurriremos en ayuda de Navarro Floria para analizar las posibilidades de la reconstrucción del otro espacio, el social y las alternativas que tiene ante el avance de la empresa privada.

¿Qué lugar ocuparon los gobiernos provinciales y nacionales durante esos años? ¿Dónde estaban mientras se inundaban zonas como la de la laguna La Picasa, o se transnacionalizaban las mayores extensiones de campos de la zona? ¿Qué auxilio aportaron a las industrias en crisis en especial a las cárnicas y metal-mecánicas? ¿Qué presencia efectiva tuvieron los ejecutivos provinciales o nacionales para atender las emergencias? Preguntas como estas nos ayudarán a encontrar el nuevo mapa social y con él, los caminos posibles de reconstrucción.

La corporación

Definimos a la corporación como una asociación de carácter público pero de intereses privados. El poder corporativo es, en consecuencia, el poder que ejerce esa asociación en función de sus propios intereses. El problema que existe con las corporaciones es que sus intereses no siempre son coincidentes con los de la práctica democrática; de hecho, su forma de funcionamiento no es necesariamente democrática. A veces se contrapone con la voluntad popular.

En nuestro país la corporación tiene su origen en los gobiernos conservadores que reforzados por el populismo llega a su apogeo en la década del noventa con el advenimiento de la globalización. Es una alianza al amparo del poder político para el resguardo de intereses del grupo que la compone, basada en la empresa, el anonimato y en el poder económico. De hecho, en muchos países se denomina the corporation a una asociación o grupo de empresas del tipo “holding”.

Con la imposición de supremacía de la corporación privada al poder público, los espacios públicos sufren un franco retroceso. Retomando el planteo hecho mas arriba “lo privado” o “lo concesionado” ha ido en detrimento de “lo público” y sobre todo de “lo comunitario”. Tomemos el caso por ejemplo de las plazas públicas: bares y restaurantes invaden con marquesinas y mesas las veredas y paseos públicos convirtiéndolos en espacios privados. Los espacios públicos donde habría de desarrollarse la vida social y comunitaria han sido acorralados a pequeños espacios y aquí también lo privado cobra imperium.

Vemos el caso de los grandes centros comerciales donde se crean espacios privados para que se desarrollen actividades comunitarias, a manera de plazas privadas. Se siembran las banquinas y los terrenos del ferrocarril. La política y la res pública, la cosa pública, pierde lugar frente a lo privado.

Era característico de nuestra infancia jugar a “la pelota” en la calle o en el campito, esas figuras se restringen a unos pocos barrios todavía privilegiados. Pensemos en los llamados “patovicas” seleccionando quienes pueden entrar y quienes no a determinada confitería o locales de diversión nocturna. En muchas ciudades se han concebido espacios privados para poder realizar esas actividades con “seguridad”. Son reproducciones en miniatura de las ciudades amuralladas de la antigüedad que pretenden imitar las actividades comunitarias arrancadas de los espacios públicos, son los ya famosos country clubes. Las consecuencias más notables de esta privatización de los espacios comunitarios son la fragmentación, la desafiliación, la inseguridad y el aislamiento de la sociedad.

“La ruina es el destino hacia el cual corren todos los hombres, cada uno buscando su mejor provecho en un mundo que cree en la libertad de los recursos comunes. La libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos.” decía Garrett Hardin en su paper La tragedia de los comunes” en 1968

A manera de respuesta a esta afirmación de Hardin Elinor Ostrom nos comenta que:

el problema que enfrentan los apropiadores de los recursos de uso común es de organización: cómo cambiar la situación en la que los apropiadores actúan de manera independiente a otra en que adoptan estrategias coordinadas para obtener mejores beneficios comunes o para reducir sus daños. Ello no significa crear necesariamente una organización”.

Se hace imprescindible entonces una resignificación de la identidad comunitaria ampliando y ensanchando los espacios públicos, pensando a los mismos como escenarios donde se pueda desplegar la actividad pública gratuita y naturalmente, sin tener que pagar peajes, aranceles, o restricciones de acceso que lo único que producen es más desintegración social. Estamos hablando de dejar de lado definitivamente la carcel infinita que significa el dilema del prisionero, de derribar sus rejas y de ocuparnos de “La Política”

Democracia y mercado

Jean-Jacques Servan-Schreiber[x] profetizaba ya en 1968 que Estados Unidos sería la primera potencia mundial; la segunda, la Unión Soviética y la tercera las empresas norteamericanas. Hoy en día éstas conforman la primera potencia en tanto la segunda ha desaparecido. Si a esto le sumamos que las empresas ya no son norteamericanas sino globales, ni haría falta que fueran mafiosas y ocultas en su accionar.[xi]. Debido a su poder económico las corporaciones exigen a los gobiernos leyes y políticas de su conveniencia. Es decir, imponen sus intereses a los gobiernos y comienzan a sustituirlos.

En la democracia, el poder se instituye mediante la ecuación un ciudadano es igual a un voto”, mientras que en las corporaciones el poder se constituye con el concepto “un peso es igual a un voto”. Por lo tanto, a mayor concentración de poder económico más gobierno paralelo y menos democracia. Los mercados globales, operando desde Tokio a Estados Unidos, votan todos los días con la venta y compra de acciones de las corporaciones; la democracia dirime sus diferendos en las urnas cada dos o cuatro años. Tal asimetría operativa ha impuesto reglas propias que muchos coinciden en que son definitivas y que no hay vuelta atrás, las libertades individuales de esta manera se ven recortadas y sólo se las puede ejercer dentro de los marcos rígidos que impone el sistema corporativo. Lo que tal vez se haya perdido definitivamente es la utopía de poder cambiar el mundo desde las ideas.

Los distintos gobiernos justicialistas y últimamente radicales instituyeron formas de poder corporativo diferente pero de origen común. Recordemos que Néstor Rapanelli era el economista apuntado para seguir a Eduardo Angeloz en el caso de que el radicalismo ganara en la elección presidencial de 1989 y fue, a su vez, el señalado para suceder al repentinamente fallecido Miguel Roig, quién resultara ministro de economía de Carlos Menem. Ambos funcionario del grupo Bunge y Born en una estrategia de gana o gana.

En la década del noventa la corporación adquiere mayor significado de mano de la impunidad y se extiende a manera de red mediante la demonización de la empresa pública y las sociedades del estado. También por entonces se incorpora a los medios de comunicación masiva privatizados en los ‘80 como brazo propagandístico y a las comunicaciones como herramienta.

La alianza entre gobernantes y votantes entendida desde la prédica del poder es que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”. La base de la matriz del poder es la de exclusión del otro, ésa es la corporación del poder. Es un juego perverso de inclusiones y exclusiones en el que para los que pertenecen corresponde todo y para los excluidos, nada; ésta es una conducta que define y redefine la cosa nostra como único objeto de nuestros intereses.[xii]

Los gobiernos de los municipios del interior no han estado ajenos a estos procesos y se hacen “hijos del poder” en su accionar, mas allá de su color político, al amparo de los gobiernos provinciales de turno –peronistas o no–. Los intendentes o presidentes comunales deben pactar o “arreglar” con el poder central para poder canalizar sus peticiones. Así, la oposición se desdibuja y se vuelve funcional al poder de turno, en tanto se consolida el pensamiento único.

El justicialismo

Desde siempre el justicialismo ha ejercido sus gobiernos desde una posición de poder, con mano de hierro. Suele decirse que desde su nacimiento el único partido político capaz de gobernar este país ha sido el justicialista, en tanto los otros no pueden llegar a completar sus mandatos o tienen que pactar con ellos para poder hacerlo. Existe la creencia impuesta que al país lo gobierna el justicialismo o no lo gobierna nadie. Se ve a las claras cómo la matriz de pensamiento corporativo del poder está siempre presente en el pensamiento de cada argentino a la hora de votar. A tal punto que algunos arriesgan la tesis de que en la Argentina hay dos pensamientos políticos: el peronista y el no peronista o antiperonista o gorila. ¿Cuál es la alianza en esta “corporación”? El voto a cambio de una retribución o pago de favores o intereses particulares.

Los puntos más críticos a evaluar dentro un sistema de gobierno con accionar corporativo es: ¿Voto a qué? ¿Voto por qué? ¿Voto a quién? Dentro de la corporación, se vota a quien se nos dice que hay que votar, aunque nunca se sabe a ciencia cierta a quién se vota en definitiva, o puesto de otro modo, a quién representa la persona que yo voto. Esto es siempre difuso, ya que uno nunca sabe a quién tributan los gobernantes elegidos por la corporación. Pueden ser intereses personales, económicos, internacionales e incluso simbólicos. ¿O acaso alguien puede explicar por qué María Martínez de Perón ocupó primero la vicepresidencia y luego la presidencia de nuestro país? ¿Cómo llegó esa mujer a ser votada por los argentinos?

De todas formas, la alianza o pacto que une a un votante con su candidato o al ciudadano con su gobernante en la democracia representativa es un CONTRATO MAYOR que debería perdurar en el tiempo. Una democracia representativa, como la que versa en nuestra Constitución Nacional, es la delegación de las atribuciones del pueblo como soberano en una persona o grupo de personas para que ejerza la voluntad delegada. Cualquier otra forma de poder que se ejerza no refleja esa alianza y por ende carece de legitimidad.

El poder corporativo viola esa regla de oro de la democracia representativa desde su génesis misma. Si el voto es el “arreglo” corporativo, los compromisos contraídos por el candidato electo de ese contrato se extinguen al hacerse efectivo el pago de lo arreglado. Una vez pago, el votante no tiene derecho a reclamar más nada y el gobernante electo tiene la libertad de hacer lo que le plazca con el poder delegado de ahí en más. Sólo este hecho constituye una traición y es una traición de ambas partes: el ciudadano no ejerce su soberanía, que como dice Jean-Jacques Rousseau[xiii] es indelegable, el gobernante se convierte en un tirano que hace lo que quiere. Si a esto le agregamos que esta lógica es válida “sólo” para los que integran la corporación y que los otros están excluidos, el poder tiránico se convierte en poder mafioso. Y la mafia es excluyente, aleja a todos los que no son de su condición. Usa una matriz de funcionamiento que es la siguiente:

“si el poder mafioso es corrupto e ilegítimo en su origen y yo no soy de esa condición, me excluyo voluntariamente de la disputa por el poder. El poder mafioso tiene lógica y reglas propias a las que yo no adhiero, por lo tanto, si no las acato no puedo competir y si no compito quedo excluido del sistema. Me callo y otorgo”.

La obscenidad, la desprolijidad, el escándalo, la propaganda, la provocación y la trasgresión son todos vehículos del mensaje mafioso dentro de la impunidad. Todos orientados a callar las disconformidades, los disensos, en definitiva orientados a desvirtuar el debate, imprescindible en un sistema representativo de gobierno. Esto es cancelar la política

La impronta del partido militar

Para terminar este capítulo analizaremos ahora las políticas instrumentadas por los gobiernos militares latinoamericanos como herramienta de sumisión social. Esas vez las políticas no son democráticas ni siquiera totalmente corporativas o de mercado, son sencillamente violentas para imponer los interesas del poder por la fuerza.

Desde la década de 1960, Estados Unidos adoptó una versión de la hipótesis de conflicto denominada “Guerra Fría”, instrumentada para alinear a América Latina en función de sus necesidades de “defensa” una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. En nuestro país esa doctrina se denominó “Doctrina de Seguridad Nacional[xiv], y tuvo por objeto combatir el comunismo, por entonces el enemigo principal de Estados Unidos y de la iglesia católica. Mediante toda una arquitectura política, económica, jurídica y por sobre todo militar, se trató de establecer una absoluta dependencia de los ejércitos de países como el nuestro para “defender la seguridad” del país del norte. Ésta consistía en combatir al marxismo internacional fronteras adentro de los países mediante el uso de la fuerza; debía ser eliminado todo elemento que no respondiera a los lineamientos establecidos por las dictaduras militares o fuera sospechoso de conspirar contra ellas.

El premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel[xv], ha recordado que “la Doctrina de Seguridad Nacional estaba vinculada a un determinado modelo económico-político que suprimió definidamente la participación del pueblo en las decisiones políticas y pretendió justificarse en nuestros países como doctrina de la civilización occidental y cristiana. En su nombre se impuso un sistema represivo en concordancia con el concepto de guerra permanente que fue base y fundamento de las dictaduras de América Latina”.

No existe mayor silenciamiento que la desaparición de personas. Los médicos forenses nos tienen acostumbrados a la idea de que los “cadáveres hablan”. Al no haber cadáver nadie habla ni siquiera luego de muerto. En la desaparición de persona existe una macabra conjunción entre aislamiento y silencio. El aislamiento es total; la desaparición es total, el silencio es total: la muerte. La desaparición de Julio Jorge López en 2006 tiene ese único significado: “la amenaza aún latente de la desaparición”.

A propósito del poder militar en América Latina, el teólogo Joseph Comblin[xvi] señala que ha habido un cambio significativo en esas políticas de Estados Unidos en los últimos años… El presidente George W. Bush[xvii] definió y ha adoptado una nueva doctrina basada en el concepto de guerra contra el terrorismo una guerra abierta contra el eje del mal. En ámbitos castrenses locales se sostenía hasta hace poco que hasta que la Doctrina de Seguridad Nacional no fuese sustituida por otra, seguiría vigente. Esto ha sido verdad hasta ahora y en estos momentos la doctrina cambió de objetivo: del marxismo al terrorismo, de los países socialistas al “eje del mal”, pero ha estado vigente hasta hace muy poco tiempo. Lo que cambia de una doctrina a la otra es el fenómeno de la globalización del terrorismo y su combate como respuesta. Antes, las persecuciones eran fronteras adentro del país, ahora hay una injerencia directa del poder militar global sobre las naciones. Y aquí se entronca un conflicto por venir en el país, la reedición de la doctrina del miedo, esta vez con otros ropajes: el del combate al terrorismo internacional, al eje del mal. Y con ella un renovado protagonismo de las Fuerzas Armadas argentinas, hoy retiradas de la escena política.

¿Cuánto tiempo tardará en llegar a nuestro país el ojo del Gran Hermano[xviii] de George Orwell[xix] o el Panóptico de Jeremy Bentham[xx] o el descrito en la película Brazil[xxi]?

¿Cuánto tiempo pasará hasta que nuestras libertades individuales sean coartadas también en función de la Seguridad Internacional contra el terrorismo? El futuro no es fácilmente reconocible. Podemos concluir que esto constituye un nuevo escenario, ausente por algunos años de Latinoamérica: el de la amenaza individual permanente operada desde afuera. En otras palabras, la reedición –con otras formas y tecnologías– de la persecución política. Cristina Fernández de Kirchner ha instrumentado un Observatorio de Medios para el control de las publicaciones y los contenidos de los medios de comunicación.

La memoria

La memoria actúa sobre nosotros como resistencia de la razón. Muchas veces no opera como uno espera, debido a intrincados mecanismos que se ponen en marcha, motivados en general por el dolor. Nuestra tradición cristiana nos llama a “olvidar y perdonar” las situaciones de injusticia, lo que justifica culturalmente el olvido. Pero es la violencia en todas sus formas la que sigue actuando y como se ha venido describiendo hasta ahora, está omnipresente en los procesos de la globalización, en el sistema democrático, en el lenguaje, en la participación popular, en los medios de comunicación masiva; en definitiva, en todos los discursos. Porque las libertades individuales en un marco violento sufren recortes; con la violencia se trata de homogenizar, de achicar diferencias para poder gobernar una sociedad cada vez más heterogénea: esto se llama represión.

La violencia nos marca y nos atrapa para toda la vida. Un hecho violento tiene impredecibles y nunca buenas consecuencia. El día que Jorge Luis Borges[xxii] asistió a la sala donde se realizaba el juicio a las Juntas Militares escribió una crónica para la agencia española EFE. Se llamó “Lunes, 22 de julio de 1985” (El texto completo se transcribe en el Anexo 2). En su erudita letra describe el ingreso de un ciudadano común a los dominios de una violencia infinita en donde queda atrapado eternamente.

Es notoria la ausencia de las iglesias en los procesos violentos que se sucedieron en el siglo pasado y que ya tienen lugar también en el nuevo. Si una de las funciones primordiales de la religión es re-ligar para contener a la sociedad, no se explica su ausencia, o sus pecados de omisión durante estos procesos. La memoria del dolor quedará marcada consciente o inconscientemente en el imaginario particular y colectivo como un efecto residual de la violencia. Para reactivarla sólo hay que evocarla. Pero lejos de ocultarla, debe ser revisada en la medida de lo posible, para que de su análisis y su racionalización podamos crecer y convivir con el dolor.

Cuando no existen más la cultura, la razón, el sentido común, la cordura ni la libertad, nos queda la memoria como registro de lo “nuestro”, y mientras la conservemos aún podremos ser nosotros mismos. Mientras tanto como afirma Hanna Arendt la violencia puede constituir poder, lo que nunca podrá es legitimarlo.

Repactando la Argentina

En la república el problema de la representatividad y de la legitimización del poder es crucial. La trasgresión, que fuera moneda corriente durante el gobierno de Carlos Menem, es justamente lo contrario. El poder se dispone en capas como la cebolla, y las más externas cubren a las interiores. Así, el tejido social urde su poder, conformando una sola cebolla, la cebolla del poder. Así los intendentes copian y se mimetizan en la cebolla del poder adoptando sus formas y los ciudadanos no quieren participar en política como oposición pues temen alguna pérdida o el destierro de su pequeño gran universo. Y no importa cuán grande o pequeña sea la comunidad, el poder teje sus ramas abarcándolo todo y fagocitándose toda la comunidad en función de la corporación. En el capítulo La construcción de la opinión pública se trata más en detalle cómo ésta y los medios de comunicación masiva participan en este proceso.

Así el ciudadano común va desertando de su obligación como soberano, delega y traiciona su propia potestad política en función de otros, divide y se vuelve mezquino en desmedro de sus hijos, padres, vecinos y de su historia. Por eso, a la pregunta que hacíamos al principio de este capítulo acerca de qué Argentina vamos a dejarles a nuestros hijos, la respuesta es lo que la corporación del poder quiera, si quiere.

Existen propuestas para repactar la Argentina, para recontratarla, propuestas como “que se vayan todos”. Es necesario sentarse a discutir qué nueva Argentina queremos y nos merecemos, pero para llegar a ese nuevo contrato es preciso todavía tener más que ganas. A partir de los hechos de 2001[xxiii] se abre en la Argentina un nuevo espacio, que si bien no se genera en ese momento sino que viene desde antes, se consolida con la crisis mencionada. Los partidos tradicionales no dan respuesta y se desintegran, entonces es preciso definir nuevos espacios para generar esas respuestas.

No es sencillo componer intereses de piqueteros, jujeños y fueguinos, sindicalistas, empleados públicos, empresas extranjeras, aborígenes, militares, religiosos, minorías sexuales, medios de comunicación y todos los actores sociales que toman parte de la Argentina de hoy. Politólogos, como Francis Fukuyama, sostienen que una discusión ideológica para repactar una nueva política ya no es posible. A la política se la considera como un emergente que surge de los intereses puestos en juego por el poder, principalmente el económico, por lo que las ideas no son motor suficiente para el cambio. El problema de la representación y legitimidad resultante que se pone en evidencia en la actuales democracias de cualquiera de nuestros países es pre-político: es lingüístico, de índole consensual- comunicativo; es en definitiva la imposibilidad de poder expresarnos y ponernos de acuerdo siquiera en el lenguaje de ese nuevo contrato. No es una tarea fácil ya que el problema se complejiza, pero tampoco imposible.

Referencias


[i] Médico, Psicoanalista, Psicodramatista. Analista Organizacional. Especialista en Terapias y Abordajes Grupales e Institucionales. Con Orientación a Organizaciones Sociales.) y Redes Sociales.

[ii] Sociólogo francés formado en la escuela de Pierre Bourdieu y de Michel Foucault.

[iii] “La inseguridad social. ¿Qué es estar protegido?”

[iv] Un país sin indios. La imagen de la pampa y la patagonia en la geografía del naciente estado argentino. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9788] Nº 51, 1 de noviembre de 1999. http://www.ub.es/geocrit/sn-51.htm

[v] Gran enciclopedia de la provincia de Santa Fe, Tomo 1, Editar, 1967.

[vi] Quintero Palacios, Silvina L. Geografía y educación pública en los orígenes del Territorio y la Nación (Argentina, 1863-1890). Buenos Aires: Tesis de Licenciatura en Geografía, Universidad de Buenos Aires, 1992, p. 313 citada por Navarro Floria.

[vii] Licenciada en geografía recibida en la Universidad de Buenos Aires.

[viii] Según el Diccionario de la Lengua Castellana de la Real Academia Española en su 13º edición de 1899, el término desierto proviene del latín desertus (p.p. de desèrère) y significa “Despoblado, solo, inhabitado/ Lugar, paraje, sitio despoblado de edificios y gentes/ Predicar en desierto fr. fig. y fam. Dirigir la palabra a oyentes no dispuestos a admitir la doctrina o a los consejos que les dan” (Real Academia Española, 1899: 340). Nota de la autora original.

[ix] En la actual edición del diccionario de la Real Academia reza la siguiente definición sobre predicar en el desierto: “Intentar, infructuosamente, persuadir a quienes no están dispuestos a admitir razones o ejemplos”.

[x] El desafío americano, Jean-Jacques Servant-Schreiber, 1968.

[xi] Véase “La empresa de vivir” de Tomas Abraham, en donde se hace una canonización de las empresas y sus santos empresarios.

[xii] En otros capítulos se trata como opera la opinión pública en este sentido y como opera el desinterés, el aburrimiento y la conformidad en base al reparto de esas opiniones.

[xiii] Le Contrat Social (1762) libro sobre derecho político que inspiró a los revolucionarios franceses del siglo XVIII.

[xiv] La Doctrina de Seguridad Nacional considera a los propios ciudadanos de un país como posibles amenazas a la seguridad… Fue ideada por los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos y divulgada mediante el entrenamiento de los distintos ejércitos latinoamericanos, en Panamá.

[xv] Premio Nobel de la Paz 1981 por su defensa de los derechos humanos durante la dictadura militar del 1976-1983.

[xvi] Sacerdote católico belga que desempeñó su apostolado en varios países de Latinoamérica: Chile y Brasil entre otros.

[xvii] Presidente de los Estados Unidos de América 2000-2004, reelecto por otro período (2004-2008), e hijo del ex presidente George H. W. Bush.

[xviii] Concepto introducido por el autor, citado en su novela 1984 (en inglés Nineteen Eighty-Four) George Orwell, 1948.

[xix] George Orwell, escritor y periodista británico cuyo nombre verdadero fue Eric Arthur Blair (Motihari, colonia británica, 1903-1950).

[xx] Jeremy Bentham 1748-1832. Pensador inglés, padre del utilitarismo.

[xxi]

Brazil, película de protagonizada por Jonathan Price y Robert De Niro. Obtuvo dos nominaciones a los Oscar, por mejor dirección artística y mejor guión original. Fue dirigida por Terry Gilliam. EE.UU. 1985.

[xxii] Jorge Luis Borges (1899-1986) escritor argentino autor de numerosos cuentos y poesías, candidato al premio Nobel de Literatura.

[xxiii] Crack económico que desencadena la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.

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