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5. La construcción de la opinión pública

Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

Don quijote de la Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra

Extracto

En este capítulo se trata la incidencia de la opinión pública en la representación democrática. También se analiza la forma en que se la constituye desde la óptica de otros autores. Finalmente, se reseña cómo se la puede influir y cómo se la puede utilizar desde el poder.

La opinión pública una definición complicada

En el capítulo La espiral del silencio abordamos el tema de la opinión pública desde la óptica de Elizabeth Noelle-Neumann, allí se muestra cómo opera este dispositivo como contenedor y organizador de lo social. En el presente nos centramos en su significación para un sistema democrático y además analizamos cómo se constituye y se forma.

Hay diferentes ópticas sobre opinión pública y sobre la incidencia que tiene sobre los sistemas democráticos esto nos lleva a una diversidad de criterios muy dispar que varía según los autores. El concepto “opinión pública”, cita Noelle-Neumann, ha ido cambiando con el paso del tiempo. En los 60’s Harwood Childs[i] (1965) realiza una investigación histórica en busca de solucionar este tema y dar por fin una definición apropiada, pero se encuentra con cerca de cincuenta definiciones diferentes a las que divide en dos grandes grupos, el de los racionalistas en donde se sitúan nombres que van desde Platón hasta Jürgen Habermas y el de los que no la consideran así como la citada Elizabeth Noelle-Neumann y su esquema psico social.

Un dato importante que vierte la autora sobre los estudios del profesor Childs es que: “Alrededor de la mitad de las cincuenta definiciones de opinión pública recogidas por Childs se basan en la concepción racional de opinión pública”.

Se refiere a los autores que consideran a la opinión pública como un armado racional al que arriba el público opinante luego de una deliberación basada en una interrelación comunicativa. En el capítulo anterior nos explayamos acerca de la postura de la autora acerca de la opinión pública; veamos ahora que dicen otros autores.

En nuestro caso comenzaremos este análisis a partir de la de Jean-Jacques Rousseau[ii] que se enrola dentro del primer grupo y definía a la voluntad general en su Contrato Social –tal como se cita en el capítulo La condición argentina, como “la que no puede errar, lo que custodia el ‘interés común’ pues la voluntad general es siempre recta”[iii]. Muchos autores consideran a la voluntad general como la antecesora de la opinión pública. Rousseau lo expresaba de esta manera:

“… la voluntad general puede dirigir por sí sola las fuerzas del Estado, de acuerdo con la finalidad de su institución, que es el bien común; porque, si la oposición de los intereses particulares ha hecho necesario el establecimiento de las sociedades, el acuerdo de estos mismos intereses es lo que lo ha hecho posible. Es lo que hay de común en los diferentes intereses lo que forma el vínculo social; y si no existiese un punto en el cual se pusiesen de acuerdo todos ellos, no podría existir ninguna sociedad. Ahora bien, sólo en función de ese interés común debe ser gobernada la sociedad. Afirmo, pues, que no siendo la soberanía sino el ejercicio de la voluntad general, no puede enajenarse nunca, y el soberano, que no es sino un ser colectivo, no puede ser representado más que por sí mismo: El poder puede ser transmitido, pero no la voluntad. (…) Por la misma razón que la soberanía no es enajenable, también es indivisible. Porque la voluntad es general o no lo es; es el cuerpo del pueblo o solamente una parte de él”. [iv]

Esta definición supone un estado ingenuo, cuasi-mecánico, que captura automáticamente la opinión pública sin manipularla y hace lo que ésta le indica; nada de esto ocurre así en el estado actual que inventa situaciones de conmoción o un enemigo exterior o la dirige a favor o en contra de algún objetivo[v]. Para hacerlo, se vale de un bombardeo u ocultamiento de información pública, de esta forma se modela una opinión determinada de modo que legitime su accionar, como contrapartida si lo logra se genera un sentimiento de enorme cohesión nacional.

Una de las principales críticas que se le hace a la definición de Rousseau la realiza la propia Noelle-Neumann. Ella afirma que existe una contradicción en la misma, ya que si la voluntad general se constituye con “lo que hay de común en los diferentes intereses que forma el vínculo social”, se está haciendo referencia al conjunto de las voluntades individuales, pero de acuerdo a su teoría, si “puede dirigir por sí sola las fuerzas del Estado” está ejerciendo control sobre los mismos individuos que la forman, lo que termina introduciéndolos en la espiral del silencio[vi].

La globalización[vii], en el caso de la voluntad general que se tiene que articular como opinión pública opera como fenómeno de inmediatez de lo que acontece: todo sucede aquí y en este momento –o casi–. La globalización histeriza tanto a los gobiernos como a sus modos de gobernar. En este sentido, el Parlamento –cuya función es parlar, es decir quitarle velocidad a los temas de discusión hasta lograr el consenso mediante el debate y la concordancia entre opinión pública y voluntad de la mayoría– es arrasado por esta celeridad en donde lo que haya que votar ya ha sido decidido en otro lugar, en otro espacio, en el lobby, en el pasillo.

¡Llame ya, llame ya, llame ya! parecería ser la consigna.

Los racionalistas

Jürgen Habermas, según opina el sociólogo Fernando Tuesta Soldevilla [viii] se enrola en la tradición de los autores racionalistas, que “es heredera de la tradición normativa de la opinión pública en la que han transitado desde Platón, Maquiavelo, Hume, Locke, Rousseau, Tocqueville, Bentham, entre otros. Todos ellos, de una u otra manera se han preocupado de la relación entre gobernantes y gobernados, los derechos ciudadanos, el diálogo político, etc. Es decir, de las condiciones precisas para hablar de un sistema político democrático. Ésta es una línea de reflexión que proviene de la tradición del derecho, la filosofía y la ciencia política. Por ello, trata de vincular la existencia de un Estado democrático con la legitimación popular de la opinión pública”.

En base a la postura de los racionalistas es que se hacen distinciones sobre la validez de la opinión pública como legitimadora de la democracia, hay autores que hablan de “manipulación de la opinión pública”, de “opinión pública y opinión publicada”, “opinión pública real o crítica”, Habermas la reivindica como el resultado de un diálogo racional y plural[ix] y lo más importante para él es la valoración de la deliberación como factor formativo de la opinión, lo que se deduce a que la opinión pública pueda ser pasible de crítica.

Jürgen Habermas advierte sobre las restricciones de esta definición, especialmente si la consideramos en el contexto de la Argentina donde, como se plantea en el capítulo El verbo ciudadano, es casi imposible entablar una deliberación por la diferente idiosincrasia de nuestros diversos grupos sociales. Plantea que el actual problema de la no representación de la suma de las voluntades individuales y puestas en común se debe principalmente a una dificultad de comunicación, es por eso que saca a la opinión pública del campo estrictamente de lo social para ubicarla en del de la comunicación. El filósofo alemán sostiene que con el advenimiento del Estado y de la publicidad política (no sólo la de los actos de gobierno) y actualmente con la irrupción de las encuestas de opinión en la escena política, la difusión o publicidad de la opinión pública se ha reducido sólo a ofertas dirigidas a un público consumidor. Las corporaciones avanzan en la escena e imponen sus propios intereses en desmedro de lo que se considere en el ámbito individual o familiar[x]. De este tema nos ocupamos en la primera parte de este trabajo, especialmente en el capítulo La condición argentina.

Urbano Ferrer[xi] opina en un artículo referente a la posición Habermas con respecto a la opinión pública, que:“el predomino de la imagen y de los mensajes cifrados han reemplazado al lenguaje enunciativo y discursivo, en el que se intercambian los argumentos sobre las cuestiones ética y políticamente relevantes. El público deja de formar y acrisolar sus opiniones para limitarse a expresar periódicamente sus preferencias de un modo plebiscitario”. [xii]

La mediación de Niklas Luhmann

Luhmann[xiii] tiene una postura que media entre el modelo psico-social de Noelle-Neumann y el de los racionalistas y cree que esa cohesión social efectivamente se da en la medida que la sociedad pueda mantener un espacio común donde se expresen las ideas y acciones comunes que no sean pasibles de sanción o del aislamiento mismo. Lo que hace es bien sencillo, achica el dominio lo suficiente como para que sean válidas las premisas comunicacionales, en donde los códigos sean comunes a todo el universo del grupo.

Para él la opinión pública es la estructura temática de la comunicación pública. Pero asimismo admite que ese “clima público” donde la sociedad se auto-contiene se basa en los temas en común que dicha sociedad pueda tener. Para él: si ha de haber una opinión o tema sobre el que se habla, previamente deberá haber sido común al grupo. Para poner temas en común es indispensable que cada uno de los miembros se apropie de los mismos y establezca pertinencia “Es, en otras palabras, la tematización común que permite el diálogo político-social”.

Luhmann plantea una dualidad en donde no es posible determinar qué es lo que se ha establecido primero, la cohesión social o los temas en común. En general la opinión pública nunca nace espontáneamente en un tiempo dado, sino que se va adaptando a medida que la sociedad la va soportando, va evolucionando en el tiempo y en el espacio. Por eso no hay una preexistencia de los “temas en común” a la “cohesión social”; estos aspectos evolucionan en conjunto dando como emergencia la opinión pública. Los temas en común instituyen las diferencias con el entorno y le dan la identidad común que al diferenciarse hace de contenedor como una piel social. Da identidad colectiva. Podríamos arriesgar la tesis sin temor a equivocarnos que esa evolución no ha sido siempre para el lado del racionalismo, tal vez sea nuestra intención de que así lo sea pero no lo que la realidad nos muestra.

Luhmann se enfoca en que las sociedades contemporáneas son cada vez más complejas como consecuencia de la mayor especialización y diversificación de funciones. Este proceso de complejización puede llegar a poner en crisis el mismo sistema, en la medida en que los individuos perciban cada vez menos dicha complejidad –menos aún con la globalización–, tendiendo por lo tanto a regirse por criterios muy particulares y microscópicos, la mirada autorreferencial. Al igual que en el ejemplo del hormiguero, citado en el capítulo La espiral del silencio, lo que Luhmann nos quiere decir es que la complejización de los problemas nos estrecha cada vez más la mirada global, hasta hacerla operativamente imposible.

En la mayoría de los casos la única posibilidad de mirada es la local, la del grupo circundante, la del vecindario, la del el territorio, en la teoría de redes a estas agrupaciones se las llama cluster. Es muy interesante lo que dice:

 a medida que la complejidad avanza cada uno de nosotros percibe a la realidad desde un lugar más minifundista, más local. El problema se agranda y la capacidad de comprenderlo en su totalidad se achica. Dice, “el medio y las formas de la opinión pública no son nada más que la mirada autorreferencial que los protagonistas de la opinión pública se dirigen a sí mismos y a sus actuaciones. Dicho ‘espejo social’ también podríamos compararlo con un ‘cañón de luz’ o un ‘haz de luz’ que focaliza y concentra la atención en un escenario. La mirada se concentra en un solo punto, así no sea éste relevante, permitiendo que todos compartan un tema en común.

Esta mirada autorreferencial es la que Noelle-Neumann llama “órgano cuasi-estadístico” con el que el observador se hace una idea de la distribución de opiniones de su entorno y en base a las cuales se forma su propia opinión. En teoría de redes sociales a este espacio vincular se lo llama cluster y son las persona (nodos) que están vinculadas conmigo directa o indirectamente, a la tamatización se la llama circulación de información. En la tercera parte de este trabajo se vuelve sobre el tema.

En la concepción de Luhmann de democracia se destaca el: sistema que se basa en la integración comunicativa de todos sus miembros. Desde este punto de vista es un fenómeno puralmente local. La función política que cumple la opinión pública es permitir que en algunos aspectos básicos, todo el grupo tenga algún nexo de unión: si no fuera porque las diferentes instituciones políticas y que los ciudadanos tienen en común temas de preocupación, la idea de estructura social se resentiría.[xiv] Este tema es abordado con más profundidad en el capítulo Rescatando el concepto de fraternidad

Tuesta Soldevilla concluye que “para Luhmann la opinión pública cumple también una función política, pero distinta de la otorgada por Jürgen Habermas. Se convierte en la base de la democracia, pero no por una valoración ética, sino por razones pragmáticas, en la medida que permite una interconexión entre las personas que por lo menos tienen ciertos temas básicos que compartir, que en caso contrario, la estructura social carecería de sentido. En la percepción luhmanniana los medios y el Parlamento cumplen el papel de ser simplificadores de la complejidad.”

Reducir la complejidad significa que a medida que aparecen en los medios o en el Parlamento los problemas se empiezan a hacer visibles, por ende a desgranar y a simplificar en base a la deliberación y a la puesta en público.

En esta línea de pensamiento se encuentra John Nash con su aportes a la teoría de juegos, a la que hacemos referencia en el capítulo Del movimiento de las esferas sociales como un equilibrio de Nash el juego mismo representa la opinión pública. Durante una ronda de juego los jugadores tienen una actitud colaborativa o no colaborativa en donde por conveniencia negocian un nivel de renta o beneficio social que ajustan y reparten partida a partida. Esta manera de convivir le da al grupo una estabilidad que sólo se rompe en el momento que uno de los integrantes pretende una renta mayor a que la que todo el grupo ha acordado.

El público

El concepto de “publico” puede llegar a ser tan polémico como el de “opinión” por lo que Tuesta Soldevilla señala: “Público es, entonces, aquella pluralidad de personas que constituye el soporte de la opinión pública”.

Nosotros agregamos a esta idea que público es también el que está inmerso en ese ambiente, en ese medio y en ese momento donde la pluralidad desarrolla su acción. Si, por ejemplo, el paisaje no afectara el humor y a los temas del público nos abrigaríamos todos de la misma forma y los días de lluvia no usaríamos paraguas. De hecho en los pueblos originarios del Perú de ascendencia incaica sus habitantes no se protegen de la lluvia ya que la consideran una bendición del cielo y prefieren que el agua los moje, es un público que opina distinto de nosotros respecto de la lluvia, de una manera totalmente opuesta a como la consideramos nosotros. Modificando ambientalmente la definición de Soldevilla decimos entonces que

“Público es aquella pluralidad de personas, inmersa dentro de un ambiente y un tiempo dados, que constituye el soporte de la opinión pública”.

A diferencia de otras pluralidades, como masa, muchedumbre o multitud; público tiene valoraciones positivas. Sólo el público es portador de opinión pública. Es por ello que sentencia R. E. Park[xv]cuando el público deja de ser crítico se disuelve o se transforma en multitud”. Una característica del público, por lo tanto, es el desacuerdo, la diferencia en los intereses similares. La investigación de la opinión pública ha permitido deducir que existe un continuo que va de masa a público y el criterio diferenciador es el nivel de crítica empleado.

Hoy ya no se debería hablar más de “tolerancia” sino de “diversidad”. Tolerancia es un concepto autoritario que prejuzga la diferencia pero la tolera. La diversidad en cambio es la capacidad de poder distinguir la diferencia y a partir de ella poder construir otras realidades incluyentes.

El plebiscito

Los regímenes totalitarios –como el de la Alemania nazi o el de la Italia de Benito Mussolini– han sido todos plebiscitarios. Una cosa es que un público opte con criterio racional e independiente entre una multiplicidad de alternativas y otra muy distinta es que se elija entre diferentes opciones previamente seleccionadas. El plebiscito, en este caso, es mediatizador y simplificador de la opinión pública dado que interactúa entre el público y la “propaganda”, en el sentido de aparato propagandístico del poder.

La diferencia es sutil, pero para ver un ejemplo práctico podemos citar el del menú de un restaurante. La primera vez que concurrimos, enfrentamos un maravilloso abanico de opciones que nos hace dudar al elegir. Luego si concurrimos a diario, notamos que la comida está hecha siempre de la misma forma, llámese milanesa o guiso de lentejas. La cartilla no cambia y los platos tampoco. En la cocina casera, por el contrario, se repiten los platos pero nunca se preparan de la misma forma. Podemos comer tallarines todos los días, pero siempre serán platos distintos. Son los matices y el humor que le da la cocinera lo que hace que ese plato parezca siempre diferente aunque siempre sea el mismo. No importa la oferta sino cómo nos sentimos representados o identificados en ella.

La encuesta y el plebiscito son una referencia acerca de los humores y preferencias del público, pero no dan de ninguna manera cuenta de la realidad, y mucho menos de matices personales.

En la vida cotidiana no existe el multiple choice. ¿O acaso elegimos a nuestras parejas de esa manera? Nadie nos pone un menú de persona para que la elijamos, somos nosotros los que optamos por alguien luego de analizarlo mucho. Es algo personal.

¿Por qué debería ser diferente nuestro gobierno democrático, por qué no una opción personal? ¿Dónde está lo personal, lo particular en una encuesta? La posibilidad del matiz debería estar presente en la oferta para que se trate de una opción individual.

El más claro ejemplo que demuestra cómo se maneja una democracia plebiscitaria es la televisión, donde el todopoderoso rating es el soberano. Hagamos este ejercicio. Tratemos de poner al aire una emisora que capte el 70% de la audiencia radial de una zona determinada. Al analizar los contenidos veremos que indefectiblemente deberán ser un mix con un poco de todo: un poco de noticias, un poco de música, un poco de deportes, un poco de moda… Un poco de todo y mucho de nada. ¿Qué hemos creado? Para conformar a un público tan diverso es preciso no ahondar en nada, que todo sea superficial, que el oyente se sienta reflejado o crea que participa, más allá de su grado real de intervención. Es imposible en realidad conformar a universo tan diverso. Los discursos de los políticos adquieren este sentido últimamente cuando no se segmentan. Nadie quiere morir en la víspera.

Noelle–Neumann afirma que creando un clima de opinión se puede iniciar un proceso de espiral del silencio. Esto actúa de la siguiente manera. Una encuesta bien o mal hecha, con resultados verdaderos o falsos tiene pretensiones de interpretación del clima de opinión. Mas allá que dice que la suma de las opiniones individuales no constituye opinión pública, sugiere que una vez expresados en público los resultados de la encuesta contribuyen a establecer el clima de opinión.

Desde esta óptica la opinión pública opera como órgano de control y de alguna manera, también de coerción y sometimiento del público ya que restringe las libertades de opción a las libertades de elección entre un conjunto prediseñado[xvi].

Ahora bien, la influencia que esa opinión pueda tener en el público sobre el que actúa es inversamente proporcional al dominio en donde influye. Así vemos que cuanto más pequeño sea el dominio donde gravita una opinión, más grande será su influencia sobre el público. Queda en evidencia según expresa el dicho “pueblo chico, infierno grande”, que la situación inversa no es necesariamente válida.

Noelle-Neumann advierte que también la difusión de la opinión pública acrecienta su gravitación sobre el público. Cuando más difundida más gravitación tendrá. En muchos de nuestros pueblos del interior, los que tienen unos pocos millares de habitantes, se da el hecho de que “todos se conocen”, y ese “todos” es literal, dado que tanto por cercanía como por confluencia en espacios comunes, los habitantes de esas pequeñas comunidades se conocen unos a otros, padres a hijos.

Hay una correlación positiva entre la apreciación presente y la anticipada sostiene la autora: si a una opinión se la considera dominante, es factible pensar que seguirá siéndolo en el futuro (y viceversa). También dice que esta correlación, no obstante, puede variar y que cuanto más débil es, la opinión pública más se complica en un proceso de cambio. Por lo tanto, vemos que el territorio (el dominio local) y su dinámica son las dos características más importantes que a nuestro entender determinan la influencia de la opinión pública sobre el público; la dinámica de la información.

Pertenecer a una comunidad pequeña conlleva connotaciones sociales muy particulares –las citadas más arriba, por ejemplo–. La tematización común en estas comunidades es mucho más amplia que en las grandes ciudades. Todos tienen que ver con todos, por eso todos tienen temas en común. Dinamizar esa temática es más difícil aquí, es una tarea muy pesada. Por eso cuando decimos que los habitantes de pueblos pequeños o que la gente del interior del país es más “conservadora”, lo expresamos desde una mirada de la ciudad; en el término genérico de la palabra nos referimos particularmente a esa característica, la de “conservar” la temática de la opinión para no tener que emprender la pesada tarea de cambiarla.

Cuando decimos “la chusma del barrio” o “es el alcahuete de…” nos referimos a contornos precisos: “el barrio”, “el pueblo”, “fulanito”; espacios restringidos a territorios o a personas perfectamente determinados. Los chusmas y los alcahuetes son comunicadores sociales cuya función es comunicar e intentar tematizar la opinión pública. La importancia del chisme o de la noticia está en concordancia con el mensajero, ya que éste tiene una ventaja operativa sobre la información que maneja y en eso radica su poder. Aquí puede verse cómo el manejo de la comunicación pública o el hecho de poder influenciarla también otorga poder.

Si bien en comunidades cerradas la gravitación de la opinión pública es mayor que en otras más abiertas o de mayor tamaño, el cambio o dinámica de la opinión pública también es un problema de comunicación, como se ve en el capítulo Del movimiento de las esferas sociales como un equilibrio de Nash.

En las ciudades o en conglomerados más amplios se da otra realidad; por un lado, la comunidad no está confinada por un aislamiento territorial, pese a que se conforman colonias dentro de la gran ciudad; por el otro, en un mismo territorio pueden convivir varias de éstas lo que facilita la comunicación y la interrelación, evitando el asilamiento y favoreciendo la influencia permanente entre vecinos. Favorece la dinámica del cambio.

Que una comunidad sea cerrada, que sus gobernantes decidan en función de su propio humor en una democracia plebiscitaria permanente, no quiere decir que en un determinado momento la opinión no pueda cambiar, y con ella, los gobernantes.

El establecimiento de la agenda.

Los teóricos de los mass-media[xvii] dan gran importancia al tema de la agenda setting o formación del temario y al del espacio público que es el marco mediático por el cual se presentan públicamente los distintos temas de la vida en sociedad, que no es otra cosa que los contenidos en un lugar y en un momento determinado. Para Ferry es el marco mediático por el cual el dispositivo institucional y tecnológico de las sociedades post-industriales están capacitadas para presentar al público los variados aspectos de la vida en sociedad, entendiendo por mediático lo que mediatiza la comunicación de las sociedades consigo mismas y entre sí

Por ejemplo, si un grupo social forma parte de una manifestación respecto a temas de interés comunitario, tal situación no participa del espacio público si sólo los participantes son el público, pero desde el instante en que esa manifestación se refleja y difunde a un público más amplio, a través de cualquier medio de comunicación, participa del espacio público. Y ese público está conformado por todas aquellas personas capaces de percibir y entender los mensajes difundidos en todo el mundo, siendo el espacio público el medio en el cual el mundo entero se “entrega a sí mismo como espectáculo”, aunque no se reduce a lo espectacular –su principal vicio, especialmente por la televisión–, pues incluye elementos del discurso, de discusión y comentarios.

De manera que: la opinión pública remitirá a la distribución de opiniones sobre un asunto de interés general y actual o, en sentido más restringido, a la corriente central o dominante sobre dicho asunto, al público portador de esas opiniones, independientemente de su grado de racionalidad y de cómo se involucren, y al espacio en que se intercambian esas opiniones, espacio de concurrencia de la atención generalizada, en un momento dado, de los miembros de una sociedad.

Muchas veces ocurren en nuestras ciudades hechos de importancia pública: piquetes, accidentes, peleas, catástrofes, etc. Cuando los medios nacionales acuden a cubrir la noticia, suelen preguntar si hay algún muerto para decidir si se harán cargo o no de la cobertura. La agenda parecería establecerse a partir de parámetros editoriales más o menos fijos. No analizaremos aquí cómo o por qué los medios interfieren y manipulan la opinión pública.

Para finalizar, destacaremos que la política de medios es hoy más importante que nunca. Hemos advertido que no existía la libertad de prensa, que ésta había sido reemplazada por la libertad de empresa. Como los medios masivos de comunicación están en manos privadas, la opinión pública es mediatizada por la empresa, o sea que sirve a intereses privados y no a la voluntad general, noción que se trata en el capítulo La condición argentina al introducir el concepto de corporación que definimos como una asociación de carácter público pero de intereses privados. De esta manera vemos cómo la opinión pública adopta forma corporativa.

Referencias


[i] Harwood Lawrence Childs, profesor de la universidad de Princeton.

[ii] Revolucionario francés del siglo XVII.

[iii] El contrato social. Jean-Jacques Rousseau. Ediciones Ayala, 1993. Barcelona. Libro Segundo, cap. III.

[iv] Ídem anterior. Libro Segundo, capítulos I y II.

[v] En su último libro La teoría del shock, Naomi Klein, sostiene la tesis que en los momentos de shock, naturales o provocados la sociedad se conmociona, es en ese momento donde surgen oportunidades de negocio de la que los mercados se aprovechan. En este caso la opinión pública se ve seriamente afectada por el shock.

[vi] Ver capítulo La espiral del silencio.

[vii] Ver capítulo 1 De lo local a lo global.

[viii] Fernando Tuesta Soldevilla Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú y PhD en Ciencias Políticas en Heidelberg University, Alemania.

[ix] Habermas, Jürgen, citado por el autor. Historia y crítica de la opinión pública. Gustavo Gili, Serie MassMedia, 2da.edición, Barcelona, 1981.

[x] Ver el capítulo La condición argentina donde se habla sobre corporaciones.

[xi] Urbano Ferrer, profesor de ética y filosofía en la Universidad de Murcia. Opinión pública y poder político: análisis habermasiano y réplicas. 2002.

[xii] “Opinión pública y poder político: Análisis habermasiano y réplicas”, El Vuelo de Ícaro: Revista de Derechos Humanos, crítica política y análisis de la economía N 2-3 (2001).

[xiii] Niklas Luhmann sociólogo alemán (1937-1998).

[xiv] “¿Es posible activar la conciencia ciudadana por medio de la opinión pública a través de los mass media?”, Dr. Iván Abreu Sojo, Revista Latina de Comunicación Social La Laguna (Tenerife) – octubre de 1999 – número 22.

[xv] Park, Robert Ezra (1864-1944), sociólogo americano fundador de la escuela de Sociología de Chicago.

[xvi] Ver capítulo La espiral del silencio.

[xvii] Medios de comunicación masivos.

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