jump to navigation

9. El contrato

La alianza moral se inscribe y sella en la conciencia de millones

y en la lucha perseverante por reinscribirla, todos los días,

hasta que se inscriba en práctica generalizada.

Sellar el contrato implica el compromiso de su

traducción en normas jurídicas institucionales.

Elisa Carrió

Extracto

En este capítulo se tratan los instrumentos que llevan a conformar el diálogo significativo que establecerán el marco que posibilitará un acuerdo.

Una definición de contrato

Es interesante ver qué posibilidades tiene el contrato dentro de una democracia como la nuestra, inmersa dentro de la espiral del silencio. El acuerdo es el garante de la legitimidad del poder, sin él cae la posibilidad de la construcción de una opinión pública desde una opción crítica y, sobre todo, fracasan todas las formas de representación institucional como el parlamento. Sin acuerdo no existe la posibilidad de que la democracia sea representativa. Podrá haber representantes pero ¿a quienes representan?

Para comenzar a hablar acerca de “contrato” es preciso definirlo de alguna forma. Diremos que:

es un acuerdo –escrito o no– al que llegan dos partes, en el que asumen mutuamente derechos y obligaciones que por lo general benefician a ambas. Son dos tratos que se encuentran en el tiempo.

En general, dos partes se unen mediante un contrato para tener beneficios que individualmente no se podrían obtener. La democracia moderna se centra en el contrato y es por eso que lo traemos como marco fundamental en donde se llevará a cabo el diálogo significativo que lo hará posible.

La capacidad, la igualdad, la libertad y el lenguaje son necesarios para la fortaleza de un contrato. El altruismo, la conciencia colectiva, los ideales, los valores, las opciones, la legitimidad, el interés común y otras muchas condiciones previas a su establecimiento son asimismo necesarios para concretarlo. Para ello, como acto soberano, es imprescindible tener claro su objeto, o sea, saber para qué y qué se contrata, tal que ninguna letra chica nos traicione. Es por eso que el derecho pone como condición para contratar que las partes cumplan previamente con determinadas condiciones.

Del cumplimiento

En la vida ordinaria, esas condiciones pre-contractuales son mucho más difusas que en el derecho. La relación de los esposos entre sí es un contrato, así como la de los gobernantes con el pueblo, la verdad, la libertad, el trabajo, o la relación maestro-alumno, padre- hijo, paciente-médico, etc. Vivimos contratando: desde el saludo mañanero hasta la Constitución de la Nación Argentina son contratos. Todos los actos voluntarios que ejercemos como ciudadanos son contratos, escritos o no. Y si el contrato, el pacto o el acuerdo son los que rigen nuestras relaciones cotidianas, ¿cómo es que le damos tan poca importancia, especialmente en lo referente a su cumplimiento?

Cada incumplimiento de contrato no sólo es un ejercicio de violencia contra la otra parte sino que es un acto de violencia contra nosotros mismos, en la medida en que el contrato es algo que supuestamente nos beneficia a ambos. Recuperar la confianza perdida es mucho más costoso que conservarla.

En una sala de niños de preescolar, donde luego de un desborde al que los propios niños ya no pueden soportar más, uno de ellos pide silencio y se orden. Repactan la tranquilidad luego del descontrol. Es un ejemplo emblemático de sociedad primitiva que se autorregula mediante el contrato como en la relación de Robinson Crusoe y Viernes en la novela de Daniel Defoe. En estos como en otros casos vemos cómo los colectivos, por más primitivos o complejos que sean, optan por negociar una nueva instancia, una nueva oportunidad para la propia supervivencia. Optan por la constitución a la disolución, se llaman a reflexión, usan la razón y el sentido común: se autoorgnizan y negocian.

En este trabajo se recorren las formas de agremiación social que son constituyentes de ciudadanía. Desde las formas más primitivas: como individuos reunidos por la amenaza de la exclusión del grupo, hasta la forma contractual donde los argumentos del diálogo son el sostén de los acuerdos que posibilitan el vivir en sociedad. La humanidad va desde el mero agrupamiento tribal hacia una elaboración más sofisticada de relación que incluye al contrato social como soporte. La democracia representativa es un ejemplo de ese tránsito hacia la racionalidad del vínculo social, la representación democrática tiende, al menos en teoría, a recorrer el mismo camino.

Muchos científicos piensan que somos sólo instrumentos de nuestros genes y que actuamos de acuerdo a ellos. Ni tanto ni tan poco. No somos ni genéticamente activados ni racionalmente movidos. Hoy en la psicología moderna conocemos escuelas que toman elementos de ambas corrientes. En política parece ocurrir lo mismo.

Los compromisos del contrato

En los capítulos de La construcción de la opinión pública, La legitimidad del poder en la construcción de la república y en el de La organización en un mundo complejo se aborda el tema del vínculo desde su importancia en la constitución de lo social; también se lo analiza en los capítulos Las esferas sociales y Las posibilidades de la república desde la dinámica de su materialización. Sobre su génesis seguiremos a Niklas Luhmann que basa su teoría sociológica en la autopoiesis, concepto que se desarrolla en este último capítulo. Este vínculo primario es la cohesión social necesaria que desembocará luego en una relación contractual mediante un proceso evolutivo que necesariamente estará en relación con el establecimiento del diálogo y una negociación previa. Nosotros nos basaremos en el concepto de fraternidad para concebir este vínculo primario.

Entonces podemos ver que existen diferentes capas de vínculo en un mismo tejido social; la más elemental es la autorreferencia de Luhmann. El contrato es la capa superior, la más costosa, en el sentido de la doctora Requejo citada en el capítulo El verbo ciudadano. Cómo llegar a la negociación es una tarea que devendrá del análisis de la necesidad de un nuevo pacto, de la necesidad de redefinición de los objetivos del contrato original y de las voluntades individuales y colectivas para llevar adelante nuevos encuentros en el tiempo.

En nuestro carácter de occidentales, tendemos a universalizar nuestras ideas y como argentinos tendemos a creer que todo lo que se hizo previamente ha estado mal hecho. En realidad, debemos dejar esta soberbia de lado y abocarnos a generar consensos y debates sobre los temas comunes. El mundo se está alejando de esta forma de observación. Una cosa es emprender el análisis separados del problema (sujeto que estudia un objeto) otra muy distinta en meterse en él y desde ahí generar las soluciones. De nada sirve repetir secuencias del pasado. Sabemos que los métodos coercitivos y la violencia no nos han llevado al consenso y sin él, los colectivos se diluyen, en tanto que sin colectivos la república navegará hacia destino incierto .

La antinomia que existe entre los intelectuales (entendidos como individuos con pensamiento independiente) y el proletariado, según se expresa desde el poder, es consecuencia de que “la Argentina es mayoritariamente proletaria y como tal no debe usar los métodos de la intelligentzia para pensarse a sí misma”. Nuestros políticos y gobernantes siempre han polemizado con los intelectuales y los han censurado sistemáticamente.

El pueblo resistió esos embates del poder de turno cuando estuvo en juego la educación pública. La universidad y los colegios fueron, y lo son aún hoy, el bastión de nuestra educación, la base cultural del país, la que alguna vez lo colocó a la vanguardia en Latinoamérica. Sin embargo no se ha constituido un polo de desarrollo de las ideas, ya que los intelectuales no producen desde estas instituciones sino que en general lo hacen desde una posición independiente o desde la empresa privada. La desprotección que sufren nuestros científicos e intelectuales por parte del estado provoca su desafiliación del colectivo social y por eso no se les reconoce pertinencia. Cuidamos más a un jugador de fútbol que a un prominente científico; a los primeros los reconocemos como parte del cuerpo social, a los segundos no. La paradoja del sostenimiento como paradigma social al futbolista Diego Maradona y el suicidio del doctor René Favaloro[i].

Pensar un contrato social

Los intelectuales no llegan a tener un lugar preponderante en la política actual. Hay escuelas que han tenido su cuarto de hora, como las escuelas de economía en épocas de Carlos Menem. Pero últimamente el aporte general ha sido escaso.

El ministerio de educación “es un ministerio menor” advertía la sindicalista docente y ex diputada del ARI Marta Maffei. Los temas públicos no se debaten. Los intelectuales se refugian en sus libros o en sus bufetes pero no llegan a los medios, no forman agenda.

¿Quiénes, sino los que tienen las ideas, pueden pensar y reflexionar sobre nuestro país? ¿La propaganda del gobierno de turno? ¿La influencia de afuera? ¿La moda? ¿El resurgimiento de las ideologías? ¿El resurgimiento de empolvadas teorías? ¿El pragmatismo? ¿Las encuestas?

Los caminos conducentes no son complicados pero requieren de procesos rigurosos, y ésa es su principal dificultad. Podemos enunciar algunas razones básicas para que un diálogo significativo pueda desarrollarse en nuestro país:

Horizontalidad. Para que las ideas fluyan en todo sentido de una forma homogénea, aunque este proceso sea lento. Inclusión social.

Paralelismo. Para que el crecimiento sea uniforme para todos.

Desprendimiento. Para que los individualismos no se impongan a las ideas del colectivo.

Objetivos claros y precisos. Para que nadie tergiverse el esfuerzo realizado para llegar la concertación.

Plazos cortos. Para que los resultados del cambio puedan ser reflejados por los que llevan adelante el cambio.

Pasos intermedios. Para poder dilucidar si el camino recorrido responde a los objetivos trazados.

Plazos largos. Para poder ver y disfrutar de los resultados.

Cualquier lector avisado podrá decir a esta altura que este planteo es utópico. En respuesta, podría argumentarse que más que utópico, es estructural.

¿Cómo pelear con ideas al subsidio del político de turno? ¿Cómo construir sin recursos un discurso que no es precisamente el oficial? ¿Puede existir una paz interior duradera, el bienestar general, el afianzamiento de la justicia, asegurados los beneficios de la libertad, o el Estado debe estar en permanente crisis para poder seguir siendo Estado?

Debería ser un compromiso moral, pero visto está que pocos lo entienden así. De hecho el pragmatismo y el populismo se han encargado de demostrar que no les ha ido nada mal a los que actuaron de esta manera sin ocuparse de estas cuestiones a veces incómodas.

El contrato en la complejidad

Tenemos diferencias de pensamiento con nuestros jóvenes. Hemos sido educados en la linealidad de los relatos. ¿Acaso, no nos parece pecaminoso ver la última página de un libro sin haberlo leído todo?

Nuestros pensamientos se conciben en la linealidad. Planteo, desarrollo y conclusión. Nuestro accionar cotidiano esta reglado por esta norma: plantemos necesidades y problemas, exigimos respuestas, damos soluciones. Esa linealidad de pensamiento nos contiene, nos pauta. Podemos escribir linealmente nuestros relatos. Es una forma de nombrarnos, de identificarnos. Conquistamos territorios escribiendo mapas, construimos casas conforme a planos, realizamos obras de acuerdo proyectos, hasta nuestras vidas no se escapan de este relato lineal. Parecería que la tecnología de la secuencia escrita pauta nuestros recorridos.

Ahora bien, esta estructura está cambiando y son nuestros jóvenes los que se están apartando de la dictadura de la linealidad, por lo que es oportuno introducir en este punto el concepto de no-linealidad de los discursos.

¿Puede la educación en la Argentina, estructurada como está, adaptarse a los cambios propuestos por las nuevas pautas del pensamiento moderno? Y si lo hace, ¿qué lugar ocuparía en este esquema, qué rol tendría? El rol de la educación no es el de enseñar las tecnologías de turno sino enseñar a pensar, adaptar el pensamiento y los procesos racionales a la no linealidad.

Y ya en el campo de la política ¿Cómo evitamos caer en pragmatismos a la hora de vernos involucrados en procesos de políticas no lineales? Por ejemplo, el desarrollo de políticas tendientes a establecer tal o cual industria favorecida por bonanzas temporales de la economía. ¿Cómo sostener a la seguridad social tradicionalmente atada al empleo fijo y estable, hoy perjudicada por la flexibilidad laboral? O, desde otro punto de vista: ¿Cómo acompañar desde las políticas públicas el desarrollo de tal o cual sector que está favorecido por los precios relativos como la soja? Sin duda, se trata de procesos complejos que requieren de un gran profesionalismo –entre otras cosas– para su resolución.

Cuando se habla de no linealidad el lugar común es remitirse al concepto de hipertexto. Es decir: el modo como se organiza la información dentro de Internet. Así, es posible visitar una página Web entrando desde diferentes lugares. El pensamiento de los jóvenes empieza a funcionar de ese modo, sin principios ni finales concretos. Estamos en la posmodernidad, donde “se le puede entrar de cualquier manera” a los problemas o a las situaciones. Las relaciones afectivas ya casi no son lineales (noviazgo, compromiso, casamiento, hijos, familia, nietos, vejez y muerte). El orden de los factores altera el producto. Y cómo lo altera. Resultados como familias ensambladas, de políticas transversales y toda otra transversalidad son producto de la no linealidad del comportamiento humano.

Estamos tan acostumbrados al libro impreso sostiene George P. Landow[ii] a quién citamos en nuestra introducción[iii] en su obra Hipertexto. La convergencia de la teoría crítica contemporánea y la tecnología:

 “que muchas de nuestras actitudes e ideas más queridas y frecuentes hacia la literatura no son sino el resultado de determinadas tecnologías de la información y de la memoria cultural que proporcionaron el entorno adecuado para dichas actitudes e ideas. Esta tecnología, la del libro impreso y sus parientes más cercanos, que incluye la página impresa o mecanografiada, engendra ciertas nociones de propiedad y unicidad del escritor que el hipertexto hace insostenibles. En otras palabras, el hipertexto ancla en la historia muchos de nuestros supuestos más difundidos, haciéndolos descender del éter de la abstracción y parecer meras consecuencias de una tecnología dada, arraigada en un tiempo y lugar dados”.

Joaquín María Aguirre[iv] analiza la obra de Landow de esta manera:

Si la tecnología determina las formas del pensamiento y su expresión, la llegada de una nueva tecnología dará lugar a nuevas formas culturales. El hipertexto, con sus redes de ‘nodos’ y ‘enlaces’ permite superar las jerarquías de lo impreso. Al no ser un sistema cerrado, permite desplazar la responsabilidad de la decisión al destinatario. El hipertexto es un sistema abierto que permite al receptor construir sus propios caminos de lectura saltando de ‘lexia’ en ‘lexia’ conforme a sus intereses. El texto tiene un principio y un final; el hipertexto no está dado, sino que se crea en cada lectura conforme a los recorridos que establezca cada lector. El texto se ‘termina’; el hipertexto, en cambio, continúa creciendo gracias a la posibilidad de añadir nuevas lexias por parte de sus autores o, incluso, sus lectores”.

El foquismo, las guerras de guerrillas, las guerras religiosas están determinadas por un fin, un ideal superior que traerá una supuesta bonanza al pueblo oprimido. Al no existir una trazabilidad hacia ese objetivo, al no existir un recorrido marcado hacia ese cometido, estas ideologías carecen de significado en el mundo occidental actual. Este comentario se puede transpolar hacia otros sectores no políticos ni religiosos. Los líderes y gurúes que marcaban tendencias en los ‘60 y ‘70, en la filosofía, en la política y hasta en la música ya no existen más. No hay caminos ni tendencias dadas, estos se construyen al transitar y es por eso que los jóvenes prefieren erigirse ellos mismos en exploradores y en descubridores de sus propios caminos y en el mejor de los casos contar con sus cinco minutos de fama. Los ideales colectivos no convergen sino que la tendencia contraria parecería ser la que se impone.

El termino “conectarse” o “enchufarse” va de la mano con estos razonamientos. Toda relación vincular se ve como transitoria o temporal. No hay nada fijo al tiempo. “Toco y me voy” parecería ser la premisa para no involucrarse en un proceso de compromiso. El conectarse o el enchufarse tienen su contrapartida en desconectarse o desenchufarse, que sería la cesación del vínculo y con él la interrupción del proceso lineal. El contrato en este sentido esta fuertemente acorralado ya que es un trato que tiene pretensiones de perdurar al tiempo y a las contingencias.

Landow, como docente, desarrolla en su obra las posibilidades educativas del hipertexto y nos transmite su experiencia en la utilización de diferentes programas para la enseñanza de la literatura. Frente al trabajo aislado, el hipertexto es una tarea que tiende a fundir los esfuerzos de muchos, a establecer comunidad. La posibilidad de “unir” (crear asociaciones y vínculos), es decir, de “asociar” elementos es el inicio de la destrucción de las barreras que obligan a percibir separaciones artificiales entre materias educativas. Los estudiantes aprenden a vincular elementos y comprenden mejor sus aplicaciones y su esencia.

Landow señala que mientras el texto tradicional es un instrumento de “enseñanza”, el hipertexto es un instrumento de “aprendizaje”, ponderando el carácter interactivo que éste tiene:

La experiencia de leer con hipertexto demuestra que su capacidad intrínseca para asociar una gran cantidad de materiales crea un entorno de aprendizaje en el que la documentación de apoyo de cada asignatura existe en una relación mucho más directa de lo que puede conseguirse con las tecnologías didácticas convencionales. A medida que los estudiantes leen temas de lengua inglesa, encuentran información de otros cursos y asignaturas y así pueden percibir las relaciones que imperan entre ellos”.

La diferencia básica entre ambos términos es que mientras la enseñanza se imparte, nos es dada, el aprendizaje es una experiencia personal.

Es un dato que en la Argentina los escritos de los abogados en los juicios crecen cada día más, hecho que está haciendo colapsar la justicia argentina. Los escritos incluyen jurisprudencia cada vez más rica para sustanciar los juicios. Sólo con cortar y pegar se puede armar un texto que navega en complejas argumentaciones que otrora hubiese sido una investigación de meses. La computadora y el hipertexto jurisprudencial hacen posible una argumentación más sólida. Modifican el derecho.

Este trabajo se estructura de esta manera ya que desde su génesis los diferentes capítulos que lo conforman fueron extendiéndose e interrelacionándose entre sí hasta llegar a formar un cuerpo. Se nos preguntó si este trabajo era un compendio de varios ensayos relacionados o se trataba de uno solo. A nuestro entender el conjunto conforma una sola estructura imposible de separar en partes ya que cada una necesita de las restantes, que a su vez pueden ser modificadas y recorridas a través de distintos caminos, y aún así resistir en su esencia. Al menos, ésa es nuestra pretensión.

La no linealidad es un problema no determinista, es un problema difuso, que tiene que ver más con la creatividad, con la incertidumbre que con la certeza. Muchas veces las tendencias nos definen más categóricamente un problema que las supuestas verdades. La remanida “probabilidad de lluvias” que escuchamos por los noticiosos todos los días habla justamente de la falta de certeza de que llueva. Nosotros hablamos de “tendencias de la moda”, “parecería que el gusto de los argentinos…” aceptabilidad, imagen positiva/negativa y usamos otras expresiones que revelan que no tenemos la certeza de cómo se comportará la sociedad en un determinado caso.

En política, esto se debe a que no es posible medir la voluntad del público con exactitud[v]. El tiempo y el espacio parecen desaparecer y la figura del “individuo” se mezcla con la de “la sociedad”, acortando las distancias y unificando los tiempos. La falta de certezas se debe a que lo social está en permanente cambio. La no linealidad implica estar encima del problema, atento al cambio, anticipándose a los futuros problemas, administrando recursos y tomando previsiones. De lo que se trata es de prever lo imprevisible, de anticiparse.

Significante y significados, una relación no tan simple

Una última consideración referente hipervínculo es la introducida por Charles Ess[vi] y es el lugar que ocupa el crítico dentro de una estructura no lineal. En su análisis señala que si el crítico es el encargado de descifrar los significantes que el autor pone en su obra, al no haber autor, ya que el camino hipertextual construye su propio texto no existe un único significante sino tantos como recorridos puede recorrer el lector, por ende habrá tantas lecturas y sus consecuentes significados. De esto deducimos que la crítica se desdibuja en un esquema no lineal. No porque una lectura no-lineal sea más sencilla, menos profunda, ni menos categórica, sino porque no existe una relación biunívoca entre significante y significado, por el contrario, existen tantas como trayectos posibles haya dentro del texto.

Vemos que la urdimbre del tejido que culminará en un futuro acuerdo se genera en la negociación. De la capacidad de negociación en este nuevo contexto y de la inteligencia puesta en su favor surgirán sus frutos. Un buen negociador no necesariamente es un “pícaro”, tal vez la picardía sea condición necesaria para la negociación, pero no es suficiente. Desmitificar este concepto en nuestro país llevará todavía un buen tiempo. Una picardía muchas veces lleva a la desconfianza de la otra parte. Reconquistar la pérdida de confianza es mucho más costoso que mantenerla. Un buen negociador en cambio es el que negocia la mejor posición para él o para su grupo y que además tiene en consideración que el otro no es una parte a excluir o a anular, por más diferencia de fuerza que haya. Es quien tiene la capacidad de ver más allá de la coyuntura; quien puede percibir siempre el bien común más allá de las individualidades.

Un buen negociador deberá en todo caso nivelar la balanza y entender que el equilibrio dinámico es la única solución posible en un mundo globalizado y que una mala acción tarde o temprano repercutirá en su contra. Lo que hace la globalización es acortar tiempos y distancias, en definitiva, acorta diferencias.

Además deberá sustanciar muy bien su negociación mediante argumentaciones que legitimen su postura. Una buena legitimación de la negociación, así como un buen menú de opciones bien comunicados permitirá dar bases más sólidas al acuerdo al que se arribe.

El acuerdo

El objetivo de cualquier negociación es llegar al contrato, así como el objetivo del diálogo es llegar al acuerdo o a un disenso acordado. Podemos concebir al diálogo apoyado sobre los puntos de coincidencia, o por el contrario sobre los que las partes discrepan. El acuerdo será entonces producto de cómo encaramos el problema y de nuestra actitud para con el mismo. Si tenemos la voluntad consensual, los puntos de coincidencia estarán presentes aunque sean mínimos. Si es ganancioso para sólo una parte tensionará la base y con el tiempo se desestabilizará; por el contrario si es representativa, aunque mínimamente, de toda la cadena de actores involucrados, tenderá a permanecer.

Para lograr esos consensos o disensos es imprescindible transmitir la idea y por lo tanto ahora estamos frente a un problema de comunicación.

Que dos partes se entiendan en una negociación depende casi exclusivamente de que estén vinculadas y puedan comunicarse entre sí en un diálogo. Se dice que si dos personas no se escuchan mientras hablan están monologando; en cambio, si logran establecer una conversación de a dos estaremos frente a un diálogo. Es lo que posibilitará el acuerdo de partes que constituirá el contrato.

Existe una relación entre diá-logo y con-trato: en el primer caso se trata de dos logos o dos ideas que se encuentran en el tiempo y en el segundo de dos tratos en común.

Si lo que se persigue es el contrato, entonces el camino de la negociación debe emprenderse desde el diálogo o sea, mediante el establecimiento de una comunicación. Esto no siempre es posible ya que muchas veces existen imposibilidades para llevarlo adelante por diversas razones.

La primera es un impedimento de índole psicológico, el narcisismo[vii] que hace que no nos sea posible salir de nosotros mismos para poder escuchar y entender al otro, en definitiva nos imposibilita ver al otro, reconocerlo como tal. El psicoanálisis ha desarrollado técnicas para resolver este problema.

La segunda razón es un impedimento del tipo cultural y está relacionado con el que impone sus razones de una forma autoritaria, por ende el diálogo no cumple su condición de horizontalidad. La educación salva en muchos casos estos desencuentros culturales.

La tercera es la carencia de medios y normas para que dos partes, sentadas a discutir una posición en condiciones de desigualdad, puedan salvarlas con el apoyo del estado, la ley, etc. La típica diferencia que se da entre empleador y empleado en un contrato de trabajo

La cuarta razón es la de la voluntad de acordar de las partes y aquí nos explayaremos.

Las primeras tres razones pueden salvarse actuando sobre la base radical del conflicto. Esto no quiere decir que sean de fácil o rápida resolución, pero puede afirmarse que si el diagnoóstico es correcto habrá técnicas para salvarlo. La cuarta razón, en cambio, plantea un impedimento que responde a razones subjetivas que hacen casi imposible su diagnóstico y por ende su solución. En ella se encierra la razón misma del contrato o del no contrato; bajo este aspecto se ocultan cuestiones como el sentido, las ganas, la moda, la necesidad, el esfuerzo a realizar, la religión, los valores, los conceptos estéticos, los métodos, los principios, los individualismos, las mezquindades, etc. Algunos autores agregan a esta lista razones de índole sistémicas. Esto quiere decir que hay razones que son propias del medio donde actúan y que los influye. Así vemos como la segregación de individuos de algunos grupos no es responsabilidad de grupo, o mejor dicho, son acciones sistémicas que no dependen de un individuo en particular o ni siquiera del mismo grupo, sino de la estructura social en la que el hecho ocurre. Como ejemplo de este tipo vemos como la segregación racial de un barrio depende de cuantos individuos de una etnia o raza o minoría sexual lo inmigran para que los habitantes originarios comiencen a emigrar[viii].

Mencionamos en este trabajo que la globalización se maneja con sus propias reglas, por ejemplo los mercados, o Internet. ¿Quién puede controlarlos? La movida de los mensajitos de texto en los celulares de los adolescentes es otro ejemplo de sistema autónomo. Por lo tanto, a diferencia de los casos anteriores en los que hay solución objetiva, si la voluntad de acordar es la razón del impedimento del diálogo, no hay una solución o receta aparente. La misma debe elaborarse en conjunto entre las partes involucradas de acuerdo con las necesidades de la partes o de la conveniencia de arreglo. Parte de la estructura de la red tiende a permanecer oculta.

La acción de comunicar

El viejo dicho “no hay mejor sordo que el que no quiere oír” toma una validez meridiana a la vista de la teoría de la acción comunicativa. El concepto clásico de emisor-receptor[ix] es superado por el concepto de que todo emisor tiene algo del receptor en su acción de comunicar, tanto como el receptor tiene también parte del emisor. El clásico emisor ahora contiene al receptor y viceversa. Este concepto desarrollado por Jürgen Habermas en su teoría de la acción comunicativa nos lleva al de “autorreferencia” que se desarrollará en el capítulo La organización en un mundo complejo. Éste consiste en considerar cada parte como un todo y el todo como una parte.

Como se desarrolla en el capítulo La construcción de la opinión pública para Luhmann la autorreferencia es la mirada que se da a sí misma la sociedad para entender sus problemas. Mirada que cada uno toma de observar lo que su entorno hace o piensa. Es la mirada que constituye su opinión y la de su micro entorno.

Esto significa que no existe un discurso hermético sino que cada comunicación que se establece necesariamente involucra a las partes, una en la otra y viceversa y también al entorno. Quiere decir que si alguien se acerca a mí para comunicarme algo, yo ya estoy presente en el emisor antes de recibir el mensaje. Entonces ya no podemos hablar de emisor ni de receptor sino de agentes. Como ejemplo: cuando un escritor escribe, lo hace siempre pensando en su lector. Cuando el actor comunica, lo hace en función de lo que adapta del libreto al “personaje” y no es lo que él piensa, sino que lo hace en función de sus espectadores.[x]

Por eso consideramos que si dos personas se acercan a dialogar a fin de poder llegar a algún tipo de arreglo, o como decíamos más arriba, dispuestas a contratar las razones por las que ese diálogo o contrato arribe a un encuentro en el tiempo depende de razones subjetivas y objetivas, depende de las partes involucradas y también del entorno. Lo que emerge del diálogo o del contrato es un encuentro no en el plano de los actores sino que los supera emergiendo como una creación autogenerada que podrá mantenerse en el tiempo o no. Esto es que tanto el diálogo como el contrato crean un emergente intrínseco a medida que transcurren. En otras palabras el diálogo se crea sí mismo.

Charles Ess en su ensayo El ordenador político,[xi] sostiene que las creencias que las tecnologías de información y de comunicación, puedan llevar a la sociedad hacia una democratización parecería estar respaldada por la acción comunicativa de Habermas. En el texto citado Ess reivindica la teoría de la acción comunicativa como el medio por el cual se empieza a establecer la noción de racionalidad que Habermas llama razón comunicativa como alternativa al paradigma cartesiano. Según Habermas, esa razón comunicativa puede darse en las experiencias cotidianas de la comunicación y, en particular, puede resolver los conflictos mediante el diálogo en lugar de la fuerza. Así se encuentra una salida a afirmaciones tales como que las tecnologías modernas son intrínsecamente opresivas y antidemocráticas.

Y no hay nada de aséptico en una acción comunicativa: la misma está cruzada por intereses, necesidades, prejuicios, preconceptos, posiciones tomadas y por la cultura, la religión, el lenguaje, el entorno, etc. Somos seres sociales y actuamos bajo esos condicionamientos; en definitiva, somos seres humanos.

Volviendo a las causas del impedimento del diálogo, lo más difícil de diagnosticar y resolver es su aspecto comunicacional, dado que las condiciones van cambiando a medida que transcurre el tiempo y con ellas, el medio y sus actores.

No podemos medirnos; nos basamos en las estadísticas, en las encuestas, en el entorno, en la historia, en la mirada cuasi estadística de Noelle-Neumann, en la memoria, en el cara a cara, en las emociones para predecir como va a reaccionar el otro y esos métodos no son infalibles. Los físicos, apoyados en el principio de incertidumbre de Heisenberg, afirman que “toda medición es una perturbación al sistema”; entonces, con el mero hecho de interactuar estamos cambiando las condiciones preestablecidas.

Hay técnicas de manipulación como la programación neuro-lingüística que echan mano de estos recursos para imponer un discurso sobre el otro. Pero lo que perseguimos acá es todo lo contrario: buscamos la inclusión de las partes, no su exclusión.

Queda a la vista que el problema de la acción comunicativa es en definitiva el huevo de la serpiente. De cómo nos manejemos dentro de esa acción comunicativa dependerá el diálogo simbólico que posibilitará la negociación del contrato y con éste la posibilidad del cambio.

Referencias


[i] Reconocido cardiólogo de nuestro país.

[ii] Profesor de Lengua Inglesa en la universidad norteamericana de Brown.

[iii] Ver anexo 1.

[iv] Doctor en Ciencias de la Información Universidad Complutense de Madrid, Profesor Titular del Departamento Periodismo III (UCM).

[v] Noelle-Neumann sostiene que la opinión pública es difícil de sondear y sólo se la puede seguir por aproximaciones indirectas

[vi] Charles Ess, profesor e investigador en política y religión de la Drury University Springfield EEUU
Professor, Philosophy and Religión.

[vii] La personalidad narcisista implica una detención o fijación del desarrollo de la persona en etapas infantiles de profunda gratificación, o una regresión del individuo a estos períodos por su incapacidad de tolerar y enfrentar los retos y fracasos que la maduración y la vida le imponen.

[viii] Marck Grannoveter.

[ix] Ferdinand de Saussure (1857 – 1913), lingüista suizo considerado el fundador de la lingüística moderna.

[x] Haberlas Jüngens, Teoría de la acción comunicativa I. Racionalidad de la acción y racionalización social. Taurus Humanidades.

[xi] Charles Ess, El ordenador político. Hipertexto, democracia y Habermas, recopilación de George P. Landow Teoría del hipertexto, Paidos Ibérica- The Johnn Hopkins University Press, 1994-1997.

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: